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ANDREA MERENZON – PASIÓN POR LA MÚSICA

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Titulo: PASIÓN POR LA MÚSICA

Entrevista a la multipremiada Andrea Merenzon

Copete:

Andrea Merenzon proviene de una familia de músicos e integra, desde hace más de 30 años, la Orquesta Filarmónica del Teatro Colón. Es directora de FUNDECUA y en su extraordinario currículum posee un Latin Grammy a la mejor producción de un álbum de música clásica (2005). Ha sido distinguida con múltiples galardones, entre ellos el Premio Konex, elegida mujer del año por la revista Newsweek, por el Diario Clarín y también por el Cambridge Biografical Institute.

Organizadora de los festivales de orquestas infanto juveniles más importantes de la Argentina (Iguazú en Concierto)  y el Encuentro Internacional de Orquestas Juveniles de Buenos Aires.

SU INFANCIA, SUS COMIENZOS EN LA MÚSICA:

“Nací el 7 de abril de 1963 en Buenos Aires. Provengo de una familia de Músicos en varias generaciones. Mi padre, Alberto Merenzon, fue fagotista y director de orquesta y conoció a mi madre, Tamara Satanowsky, cuando siendo muy joven, hacía música de cámara con mi abuela materna (Berta Sujowolsky) quien fue una gran pianista y profesora de piano, formada en Alemania con Arthur Schnabel. Por la profesión de mi padre pasé los primeros años de mi infancia entre Cuba, Israel y Europa. Cuando regresamos a la Argentina, mi madre nos inscribió a pocas cuadras de mi casa en el Colegio Franco Argentino de Martínez. Desde muy pequeña mi abuela me dio clases de piano y solfeo, casi jugando (aunque con una metodología ordenada y progresiva). En esa época, el colegio “Franco” tenía una excelente profesora de música que enseñaba flauta dulce y coro. Me apasionaba el coro y estaba todo el día con la flauta dulce… ¡qué lindos recuerdos!

La doble escolaridad (primaria en francés y en castellano) más el estudio de la música y varias actividades deportivas me tenían ocupada muchas horas del día. Esta formación me dio un buen entrenamiento y resistencia al estudio y al trabajo, algo que aún valoro y me ha servido para sostener tanta actividad que he realizado en mi vida adulta.

A los  12 años, mi padre me empezó a enseñar el fagot y a los 14 años ya estaba trabajando profesionalmente. Tenía mucha facilidad, un entorno estimulante y favorable, mucho apoyo familiar y cierto rasgo obsesivo y muy apasionado por todo lo que hacía. Asistí al conservatorio de La Lucila donde hacía música de cámara y conocí así a muchos jóvenes de mi generación quienes aún hoy son mis colegas y amigos. Así, mi vida adolescente fue compartida entre el colegio, la alianza francesa, una nutrida actividad deportiva, las orquestas que me contrataban y desde corta edad realizaba distintas actividades de militancia social.

El colegio nos ofrecía unos paquetes para ir de excursión a ver teatro clásico, opera, ballet y conciertos y yo me anotaba en todas. En el Nacional San Isidro, donde hice el Secundario, había una orquesta y participé de la misma desde el primer año. Asistí a varios encuentros que organizaba al Universidad Nacional de Cuyo en Mendoza y cuanto viaje de intercambio musical había era felizmente realizado.

Todas estas experiencias que recuerdo como muy excitantes fueron el fundamento para mi decisión de dedicarme profesionalmente a la música desde muy jovencita y al terminar la Alianza Francesa me inscribí en el profesorado nacional de Francés (Lenguas Vivas) pero tuve que abandonarlo más tarde para poder viajar becada por la Fundación Teatro Colón a los Estados Unidos, donde realicé estudios de música y administración en la Universidad de Bloomington, Indiana.

Mi familia siempre apoyó todo lo que quise hacer, pero tenían parámetros de exigencia muy altos que me transmitieron sólo con el ejemplo. Nunca me presionaron, porque veían que mi propia exigencia era muy alta. Era muy trabajadora, estudiosa y competitiva. Mi madre fue bailarina y artista plástica con muchos premios nacionales; de libre pensamiento, intrépida y exigente, nos educó a los tres hermanos con el concepto de que a los 18 años se llegaba a la adultez y la independencia. De hecho, viajaba sola desde los 12 años al interior y exterior del país.

En mi formación hay una gran mezcla: desde la primera experiencia en jardín de infantes en Medio Oriente (Israel), luego la escuela primaria en un colegio de Martínez de origen europeo (francés), la secundaria en el Nacional San Isidro y la Universidad en Estados Unidos. Ya de adulta me atrajo la aventura de viajar por América Latina de mochilera y viajé a conocer Machu Picchu, las Galápagos, atravesé en barco el Amazonas, desde su nacimiento a su desembocadura. Conocí dificultades y  culturas completamente diferentes. Fueron viajes y desafíos conmigo misma, experiencias muy enriquecedoras que me permitieron una gran apertura de visión y un profundo amor por las diferencias culturales y raciales. Creo que “Iguazú en Concierto” es la síntesis de todo lo vivido. Allí me relaciono con culturas e idiomas diferentes y me siento transitando por un terreno familiar.

UNA CARRERA BRILLANTE

“Tal vez el único miedo que he tenido es pensar que podía haber hecho algo mejor o diferente y ya no tener esa oportunidad. Soy muy exigente conmigo misma pero a la vez positiva. Yo creo en el vaso medio lleno y no medio vacío. Mi objetivo es llegar a mi último minuto con la convicción y tranquilidad de que exprimí la vida todo lo que pude y dejé una marca en muchos chicos. Si no hice más cosas es porque el tiempo es finito y no pude, no porque no lo intenté.

Aprendí seis idiomas: hebreo, Italiano, francés, inglés, portugués y español. El primero lo perdí por falta de práctica y los demás me han servido para leer y comunicarme con gente de distintas culturas.

Estudié Administración también en Bloomington sin terminar una carrera formal, pero mi objetivo era adquirir elementos que complementaran mi pasión por la organización. Leí mucho y me interioricé puntualmente de varios temas que han requerido de mi atención para alguna producción específica como por ejemplo escenografía, luces, turismo, diseño gráfico, etc. (N de la R: organiza giras de coros y orquestas). Muchas veces los músicos tienen una visión netamente artística y no organizativa. Esto también me ayudó a relacionarme con gente muy variada, a comprender sus miradas, diferentes a la del artista, y a tener una visión más amplia.

Aprendí todo lo que pude, viajé mucho por el mundo gracias a la música, estudié millones de horas el fagot (realicé numerosos seminarios con profesores como Noel Devos, Clauss Tuneman, Sidney Rosemberg, y otros) y grabé 10 discos que produje independientemente. Cada disco fue más de un año de estudio, grabación y producción. Como intérprete me presenté como solista en EE UU, Canadá, México, Panamá, Colombia, Brasil, Chile, Uruguay, Paraguay, Venezuela, Francia, España, Islandia, Turquía, Holanda, Alemania, Austria, Suiza, Inglaterra, Grecia, entre otros. Aprendí mucho sobre producción y finalmente gané por única vez en el país un Latin Grammy a la producción del mejor álbum de música clásica.

Integro la Orquesta Filarmónica del Teatro Colón de  Buenos Aires desde 1987 a la que ingresé por concurso de antecedentes y oposición a los 23 años, organicé 7 ediciones del Festival Internacional de Orquestas Infanto Juveniles Iguazú en Concierto y 16 ediciones del Encuentro Internacional de Orquestas Juveniles de Buenos Aires. Entre otros galardones obtuve los premios Latín Grammy 2005  Producción Álbum Clásico, Mujer del Año 2005  Diario Clarín, Premio Konex 1999, Nominación al premio ACE 1999. Fui elegida como mujer del año por el Cambridge Biografical Insitute en dos oportunidades.

Me convocaron como  Gran Jurado Konex en 2009, fui directora de Programación Sinfónica del Teatro Colón  (del 2001 al 2004) y Vicepresidenta de la IDRS, USA (Internacional Double Reed Society) de 1997  a 2001 Asociación Internacional que nuclea a los oboístas y fagotistas del mundo.

-Fundé y dirigí el Festival Internacional de Música de Buenos Aires (siete ediciones) y el Festival Internacional de coros BAIRES CANTA (cuatro ediciones)”.

EL SISTEMA EDUCATIVO ARGENTINO: LA MÚSICA EN LA ESCUELA

“La  formación que recibí en mi infancia me demostró que los límites de los niños son mucho más flexibles, son más amplios cuando las actividades están imbuidas de una fuerte motivación. Si se enseña con un componente lúdico, si se desarrollan actividades en grupo o equipo e incluyen un objetivo que le permita al alumno lucirse frente a sus pares y esa actividad concluye con una felicitación o un aplauso, si tiene una motivación como puede ser una salida o un viaje,  el alumno querrá, cada día, superarse más y más.

Es mi convicción que todos los niños deberían estudiar música en la escuela en formaciones musicales de conjunto. Está comprobado que el estudio de la música a temprana edad desarrolla aspectos intelectuales, sociales y expresivos que de otra forma no se desarrollan, o no lo hacen con la misma intensidad. La música tiene una estructura matemática y es un lenguaje universal. Estudios realizados en Canadá, tomando como referencia a niños que estudiaban música con otros que no lo hacían, reflejaron estos conceptos de forma contundente. El estudio de la música estimula zonas del cerebro y mejora el rendimiento en otras materias de la etapa escolar. Reafirma la autoestima, estimula actitudes de sana competencia y auto superación, enseña a trabajar en equipo, a respetar la autoridad y perseguir un objetivo común que es tocar juntos, afinados y a tiempo.

La escuela pública argentina ha involucionado; en vez de hacer caso a los estudios científicos y comparar resultados con otros sistemas educativos, ha concluido que las materias artísticas son puramente recreativas y han reducido o eliminado la carga horaria de las mismas. Lamentablemente, éste es un concepto equivocado. En Venezuela, por ejemplo, el “sistema” ha producido cambios increíbles en los aspectos educativos y ascensos sociales de los niños que estudiaron música en el sistema de orquestas infantiles y juveniles. En nuestro país hay algunas escuelas privadas que siguen los modelos de países como Estados Unidos o Inglaterra que responden a colectividades de ascendencias europeas. Ellas han preservado y estimulan la creación de orquestas, coros y conjuntos de diferentes géneros musicales, comedia musical, jazz, etc. En Estados Unidos las escuelas de todos los niveles tienen orquestas y coros, bandas y conjuntos de diferentes géneros. Esto no significa que los niños serán todos músicos en su adultez, pero la mayoría de los profesionales adultos ha tocado algún instrumento en su infancia/adolescencia y la formación musical complementó y amplió sus formaciones educativas favorablemente. La mayoría recuerda con felicidad sus épocas musicales y algunos continúan siendo músicos amateurs en paralelo al desarrollo de sus profesiones. Esto sólo se puede lograr si estudiaron en la infancia; es más difícil empezar a estudiar un instrumento de grande. En cambio, en la primera infancia se hace jugando prácticamente. Otro error de concepto es que para estudiar música hay que ser un dotado, “tener oído”, estar “tocado por una mano divina”, etc. Así se resignan rápidamente muchos talentos a continuar con una educación musical que, más allá de los resultados, contribuirá muy positivamente al estímulo  y la formación integral del niño. ¿Acaso a aquellos niños que les ha costado más dibujar las primera vocales se les ha recortado el derecho a aprender a escribir y leer? ¿A algún alumno le han dicho directamente que no tienen el talento de un Borges o un Cortázar y que se dedique a otra cosa en vez de aprender a leer y escribir?  NO, porque el sistema entiende que un manejo básico de la lengua es imprescindible… Así como un niño puede aprender varios idiomas al mismo tiempo, puede aprender varias materias, deportes, y varias actividades artísticas. Puedo asegurarles que cuantos más estímulos atractivos tenía, más fácil me resultaba aprender y mi autoestima se fortalecía. Estoy convencida de que la diversidad y cantidad de actividades que realizaba (sin presión alguna de mis padres) estimularon mi desarrollo.

Otro problema para analizar es el prejuicio de muchos padres que temen que el niño se distraiga con la música y no estudie las “materias importantes”. Un niño feliz resistirá mejor aquellas materias troncales que no le interesen y si su cerebro está estimulado las aprenderá más rápido reduciendo el malestar que le puedan producir. Yo era feliz con la música y no me gustaban física, química y matemática pero las aprendí y no me costó esfuerzo ni desgaste emocional porque al terminar tenía mis momentos de placer con la música. La música  y el deporte son fundamentales para mí porque tienen  características similares en relación al estímulo y desarrollo de valores humanos importantes y deberían ser obligatorias al menos en la etapa de la educación infantil  (con algunos formatos selectivos y estimulantes, que no sean frustrantes).  La música  estimula el trabajo en equipo, el respeto a la autoridad, permite canales de expresión para niños más sensibles, tímidos o con dificultades varias. Produce seres sociales menos violentos que encuentran en el trabajo en equipo el placer de compartir y lograr un resultado de calidad que será reconocido por otros. Si todas las escuelas del país tuvieran orquestas, coros y equipos de algún deporte, estoy totalmente convencida de que tendríamos una sociedad con un índice de violencia muy reducido”.

LA MÚSICA COMO HERRAMIENTA DE INCLUSIÓN SOCIAL

“Estoy convencida de que la música y el deporte son excelentes herramientas de inclusión social. En los últimos 40 años se ha avanzado mucho en estos conceptos. Como ejemplo tenemos el Sistema de orquestas de  Venezuela que ha logrado magníficos resultados.  Varios países han desarrollado programas de inclusión y contención social a través de la música. He visto aciertos y errores y tengo mis propias ideas al respecto. Creo que depende mucho de la idiosincrasia de cada cultura y el modelo debe adaptarse en cada país. Cada modelo debe motivar tanto a los niños como a los familiares, a los profesores, directores,  dirigentes políticos, y a la comunidad. Cuando se logra que todos estos actores estén motivados es cuando, sin lugar a dudas, se conseguirá un avance significativo con progresos y resultados concretos. Sin el apoyo de los sectores de poder resulta muy desgastante y complicado el trabajo de los profesores y lo que finalmente pasa es que hay tanto sufrimiento en la supervivencia que se pierden muchos recursos humanos y materiales en este esfuerzo.

La música ofrece el beneficio de igualar entre distintas clases sociales y entre chicos de una misma clase pero con diferentes inserciones en el colectivo. Así, un niño tímido, diferente a otros por ser alto, bajo, gordo o flaco, tartamudo, con dificultades de aprendizaje o motrices, puede  encontrar un espacio donde no será rechazado, sino un niño que puede ser exitoso, compartir con otros iguales y obtener un reconocimiento de sus pares y familiares. Reafirmando la autoestima, encontrarán felicidad y la motivación necesaria para superarse en la vida ante las diferencias y dificultades”.

SU EXPERIENCIA COMO CREADORA Y DIRECTORA DE FUNDECUA

Creadora y Directora de FUNDECUA (la Fundación para el Desarrollo y la Cultura), Andrea Merenzon volcó toda su experiencia para desarrollar varios proyectos y generar eventos de enorme impacto y trascendencia como el Encuentro de Orquestas Juveniles de Buenos Aires, Iguazú en Concierto, el “Misicatorio” (laboratorio musical interactivo) en el Konex y el festival coral  internacional Buenos Aires Canta:

“Siempre tuve la fuerte necesidad de transformar de alguna manera la vida de las personas más allá de mi carrera individual. Disfruto del goce compartido y de ver que mi trabajo puede resultar en cambios concretos para otros. Así desarrollé varios proyectos, una asociación civil “El dorado”, FUNDECUA que es una fundación y una productora. FUNDECUA tiene como objetivo principal colaborar con la inclusión y contención social de grupos vulnerables: niñez, juventud y tercera edad, a través de la música. Cuando hablamos de contención no nos limitamos sólo a los más carenciados en recursos materiales que obviamente encuentran en la música muchísimas formas de transformar su realidad y carencias, sino que entendemos como vulnerables franjas etarias de cualquier sector socioeconómico. Niños y jóvenes de familias de altos recursos pero sin vocaciones definidas o carencias emocionales están expuestos también a distintos peligros. El ocio, la droga, la promiscuidad y cierto grado de violencia hacia otros y hacia sí mismos se ven cada vez más en las nuevas generaciones y a través de la música se pueden combatir muchos de estos problemas tan graves.

La vejez también es una etapa difícil y me preocupa contribuir de alguna manera. Así creamos el programa MÚSICA SIN EDAD  que acerca generaciones a través de la música. Sostenemos una orquesta de adultos mayores que fueron integrantes de los mejores conjuntos del país, destacando así el respeto a la experiencia de los mayores y la convicción de que pueden seguir brindado su arte, combatiendo así una política de descarte a los mayores que se ha instalado en nuestra cultura.

Muchos años de trabajar en eventos sin fines de lucro me permitieron cierta visibilidad y así fue que Golden Company y el Gobierno de Misiones, en el año 2009 me convocaran para desarrollar un gran evento que promoviera los recursos culturales y turísticos de Iguazú en una semana tradicionalmente de bajo turismo. Ellos vieron la organización del Encuentro de Orquestas Juveniles de Buenos Aires que he producido desde 2001 con recursos muy limitados y quedaron fuertemente impresionados. El encuentro reúne a 50 orquestas y más de 20 coros del país y el exterior cada año y concluye con un mega concierto con más de dos mil chicos tocando juntos (los primeros cinco fueron en el Teatro Colón y luego tuvimos que emigrar al Luna Park por la capacidad). Así fue que empezamos a desarrollar este festival único y maravilloso en el principal destino turístico de nuestro país: IGUAZÚ. Para mí ha sido un sueño. He podido combinar todo lo que me gusta en la vida y lo que aprendí en un lugar de una belleza incomparable, un mega evento que en sí mismo ha sido un desafío y realizarlo, una hazaña. Somos muchos los involucrados en la organización, personas de naturaleza emprendedora. Cada año es una nueva aventura y cuando llegamos y lo realizamos nos sentimos maravillosamente bien de haber podido superar todas las dificultades. Es una sensación maravillosa. Porque en Iguazú en Concierto sentimos que se hace posible lo imposible. Trabajamos muy intensamente durante todo el año en su programación y producción y disfruto tanto  de la producción como del festival en sí mismo.

Con respecto a la Fundación Konex (N de la R: Andrea es premio Konex 1999) hace dos años me invitó a diseñar y producir artísticamente un nuevo festival de música clásica en la Ciudad Cultural Konex para atraer nuevos públicos. Así surgió la posibilidad de desarrollar una idea que tenía en mente hace años: armar un laboratorio musical interactivo en el cual niños y adultos pudiesen experimentar la posibilidad de probar cada instrumento de la orquesta guiados por un joven músico en un espacio colorido, lúdico con mucho material informativo y didáctico. Konex se entusiasmó y lo produjo en el marco del Festival de Música Clásica.  Este “MUSICATORIO” es inédito y es mi sueño hacerlo accesible a todo el país.

En 2010 decidí sumar también un festival internacional de coros el BAires CANTA  porque nuestra fundación organiza giras de conciertos e intercambios entre orquestas y coros de Estados Unidos, Europa y la Argentina.

Hemos realizado más de 20 giras en los últimos cinco años, otra actividad que disfruto muchísimo. Todos los grupos que viajaron con nosotros enfatizaron que fue la mejor gira que hicieron en sus vidas, con lo cual al placer de la convivencia se suma el orgullo de haber formado un equipo de jóvenes colaboradores muy eficientes,  experimentados en eventos y giras musicales, que trabajan conmigo desde hace años; comparten los desafíos, son buena gente y  se desviven por atender bien a nuestros visitantes. ¿QUÉ MÁS SE PUEDE PEDIR DE LA VIDA?

Nota: Marcelo Rivera

Agradecimiento: Alex Herrera y St. Mary’s International College

DESTACADO:

“La escuela pública argentina ha involucionado: en vez de hacer caso a los estudios científicos y comparar resultados con otros sistemas educativos, ha concluido que las materias artísticas son puramente recreativas y han reducido o eliminado la carga horaria de las mismas. Lamentablemente, éste es un concepto equivocado”

“Es mi convicción que todos los niños en la escuela deberían estudiar en formaciones musicales de conjunto. Está comprobado que el estudio de la música a temprana edad desarrolla aspectos intelectuales, sociales y expresivos que de otra forma no se desarrollan, o no lo hacen con la misma intensidad”.

“La música  y el deporte son fundamentales para mí porque tienen características similares en relación al estímulo y desarrollo de valores humanos importantes y deberían ser obligatorias en la educación pública, al menos en la etapa de la educación infantil”.

La música  estimula el trabajo en equipo, el respeto a la autoridad, permite canales de expresión para niños más sensibles, tímidos o con dificultades varias. Produce seres sociales menos violentos que encuentran en el trabajo en equipo el placer de compartir y lograr un resultado de calidad que será reconocido por otros. Si todas las escuelas del país tuvieran orquestas y coros y equipos de algún deporte, estoy totalmente convencida de que tendríamos una sociedad con un índice de violencia mucho menor”.