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Así es el colegio que busca cambiar la forma de enseñarles a los chicos

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The Global School (TGS) abrió sus puertas en marzo. Está ubicado en la localidad de Pablo Nogués, a 39 kilómetros de la ciudad de Buenos Aires, tiene 96 profesores y 263 alumnos. Busca revolucionar el concepto de educación, proponiendo, entre otras cosas, que los chicos no se lleven tarea al hogar y se autoevalúen con un sistema de rúbricas.

Con el aspecto de una universidad estadounidense o una empresa tecnológica de Silicon Valley, cuenta con grandes ventanales y espacios verde. Tanto el edificio de primaria como el del secundario, cuentan con pasillos amplios, sillones y pufs, muros de escalada y escaleras con frases inspiradoras, tales como «Crear», «Aprender jugando» e «Investigar».

TGS cuenta a su vez con espacios dedicados a la robótica o la computación y bibliotecas que funcionan como salas de lectura digital.

Según destaca Infobae, a diferencia de lo que sucede en otras escuelas, allí se invita a los chicos a que lleven sus dispositivos electrónicos para aprovecharlos como herramientas educativas.

Y como otro dato innovador: a la hora de marcar los cambios de hora y la entrada o salida de los recreos, no hacen sonar la campana ni el timbre, sino la música que eligen los alumnos.

En TGS los chicos no pasan mucho tiempo sentados en los pupitres, mientras que tampoco se imparten currículas de forma unidireccional, sino que se implementa un modelo educativo que se basa en el concepto del Aprendizaje Basado en Proyectos (ABP). Durante el ciclo lectivo, los alumnos desarrollan un tema de su interés. La premisa es que se eduquen jugando, descubriendo y creando.

«El rol del docente en este sistema es el de inspirar, facilitar el aprendizaje y proveer las condiciones para que todos los alumnos adquieran la motivación y las herramientas para aprender a lo largo de sus vidas«, resaltó la directora de proyectos de The Global School, Agustina Lualdi.

En este colegio innovador, en lugar de tener ceremonias por los actos patrios, hay exposiciones de proyectos realizados por los alumnos. Un equipo de chicos se encarga de la logística, otro de la fotografía, la edición de video y la cobertura periodística de los eventos, como así también de los guiones de las actividades escolares.

CALIFICACIONES

Al final de cada período, los estudiantes completan una evaluación en una rúbrica (N. de la R.: una lista de preguntas sobre diversos temas o tópicos) que, entre otras cosas, mide su actitud frente al aprendizaje. Después reciben un feedback de la totalidad de los profesores, que se suma a la autoevaluación.

«La educación de calidad no equivale a sacar una altísima nota en un examen internacional. También implica adquirir habilidades y motivación para aprender. Las escuelas de hoy pasan por otro lado», asegura Gabriel Rshaid, director general de la institución.

En tanto, Milagros Martínez Mosquera, emprendedora, especialista en educación y docente de cuarto año, opinó en diálogo con DEF: «Creo que este modelo tiene una intención firme de generar un cambio. Como todo proceso, no es sencillo: requiere de esfuerzo y de transitar la resistencia al cambio, pero me parece que, tarde o temprano, todos los colegios van a implementar este camino».

PROTAGONISTAS DE SU EDUCACIÓN

El problema de la educación tradicional –según Rshaid- reside en que el alumno tiene un protagonismo muy leve en su propia educación. «Es un paradigma que hay que romper. Hoy los chicos están 15 años en un colegio donde un docente les dice lo que tienen que hacer. En este contexto, salen primero a la universidad y luego a la vida sin consciencia del manejo de su propio aprendizaje y sin habilidades para aprender solos», explicó.

Sobre cómo debería encararse este cambio, indicó que hay que invertir paradigmas. En la escuela tradicional, lo que está en juego es que los alumnos recuerden contenidos y que alcancen cierto nivel en Matemáticas, Ciencias Sociales, Historia, Música y Química. Las habilidades son un subproducto, cuando debería ser al revés. «Los chicos no pueden egresar sin saber utilizar un motor de búsqueda como Google. Lo usan, claro, pero no llegan a profundizar en todas las ventajas de esta herramienta», consideró Rshaid. «Es como que uno quiera aprender a escribir sin saber usar un lápiz. Por eso, es muy importante que aprendan a tener pensamiento crítico y a detectar desde fake news hasta contenidos que no tienen sustento», ejemplificó.

SIN TAREA PARA EL HOGAR

Los estudiantes de este colegio innovador no se llevan tareas al hogar. Para Rshaid, no tiene sentido que un chico que pasa más de ocho horas en el colegio vuelva a su casa y esté dos o tres horas haciendo la tarea. «Tampoco es lógico que vayan a la escuela sin ganas. Por eso, hacemos encuestas de satisfacción. El resultado es que todos quieren venir. Los padres no lo entienden, así que hacemos un esfuerzo por educar a las familias también. El cambio en la educación va a darse cuando la comunidad educativa demande una educación diferente. En la medida en que sólo conozcan lo que han consumido, lo que han vivido, el esquema no cambiará», lamentó Rshaid.

PROYECTOS Y CREATIVIDAD

Los chicos de cuarto, quinto y sexto año del secundario tienen una tarde entera por semana dedicada a hacer proyectos. Proponen un tema de su interés y lo llevan adelante durante todo el ciclo. Así, aprenden a emprender y tienen un espacio para desarrollar la creatividad. Durante el semestre pasado, por ejemplo, crearon una página web sobre ecología que tiene más de 5000 seguidores; hicieron compost, una obra de teatro para los de nivel primario, un kiosco saludable, una página web para la compra del primer auto, un cortometraje y una gran diversidad de cosas.

TGS también propone un ciclo de charlas semanales a cargo de distintas personalidades del mundo de la cultura, el deporte, la música, entre otras cosas. En ese marco, «han venido actores, músicos, deportistas, gente que tiene un testimonio social muy fuerte; por ejemplo, vino una exjugadora del equipo de hockey las Leonas, nutricionistas, médicos especialistas en adicciones», contó el director.

En el secundario, al finalizar el trimestre, los alumnos completan una rúbrica: responden diez preguntas sobre la actitud ante el aprendizaje, las conductas y los hábitos de convivencia que mantuvieron. La propuesta es invitarlos a reflexionar respecto de su participación en clase, su cumplimiento con el llevar los materiales pedidos, su compromiso con los trabajos, su respeto a los demás… Así, ellos se autoevalúan, con un puntaje del uno al cinco, y todos los docentes hacen lo mismo.

«Comparamos todas las notas del secundario y obtuvimos diferencias no mayores al nueve por ciento en lo que evalúan de sí mismos los alumnos y lo que evalúan de ellos los profesores. En muchos casos, hasta menores al cinco por ciento, haciendo el promedio total», precisó Gabriel Rshaid.

Dado que los docentes y directivos buscan crear consciencia respecto de los hábitos de salud de los chicos, cuentan con una nutricionista, un menú y kioscos saludables. En el kiosco, por ejemplo, se ofrecen frutas, barritas de cereal y colaciones saludables.

Lo social también cumple un rol clave y se ve reflejado en un taller de acción social, cuyo objetivo es sensibilizar a los niños sobre la dura realidad social y económica que atraviesa el país.

Según este modelo, es más importante que los jóvenes aprendan a aprender, a buscar, a investigar o a detectar una fuente errónea, a que aprendan los contenidos de forma unilateral. «Los cambios en las formas de aprendizaje son decisivos. Se trata de un trabajo en equipo y de un proceso de discernimiento casi diario, mediante los cuales buscamos impactar en la formación de los alumnos de la mejor forma posible», abrevió el director general.

Fuente: Infobae