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Creatividad y felicidad: ¿cómo estimular a los más chicos sin exagerar?

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¿Ser creativos nos hace más felices? ¿Cómo estimular a los más chicos sin exagerar? El escritor, músico, amante de la tecnología y especialista en creatividad Facundo Arena  considera que se les deben dar «elementos y libertad para que jueguen» y que «el problema que tenemos los adultos es que nos llenamos de cosas o, cuando no tenemos nada que hacer, agarramos el celular y entramos en las redes sociales, así nos estamos llenando de algo. Procurar no llenar a los chicos de cosas es una muy buena forma de darles lugar y espacio para que se puedan manifestar, porque tienen menos limitaciones autoimpuestas, y tienen más capacidad de juego, disfrute, imaginación. Es una etapa maravillosa para estimular la creatividad». 

El llamado «síndrome del impostor» afecta a dos de cada tres personas; en su mayoría, mujeres. Esta sensación de sentirse «un fraude» no es más que la imposibilidad de internalizar los propios logros. Justamente, el autoboicot es una de nuestras principales limitaciones creativas, dice Facundo Arena en su libro Crear o reventar (V&R Editoras), porque nos esforzamos en que nada cambie por miedo o por culpa. Así, bajar la autoexigencia, darse el espacio y -también- sudar la camiseta son claves para encender(nos) la lamparita. Para este especialista, la creatividad se puede entrenar, pero hay que ponerse en movimiento.

– Tu perfil dice que a los 11 programabas, a los 14 escribías canciones y a los 17 publicabas tu primer libro. ¿La creatividad es un don innato, o es posible «entrenarnos» para ser más creativos?

– Entiendo la creatividad como un proceso en el que se combinan cosas que dan lugar a algo nuevo. El hecho de nacer y existir es un fenómeno creativo en sí mismo, por lo cual, estoy convencido de que todas las personas tenemos esa capacidad creativa. Esto no significa que todos seamos efectivamente seres creativos porque, tanto a nivel individual y social, las organizaciones que hemos generado alrededor de la búsqueda de la seguridad -donde nos aferramos a lo conocido e evitamos lo inesperado- limitan la creatividad.

Ésta depende de distintos factores, pero los más importantes tienen que ver con salir a explorar territorios no explorados o conocidos. Entonces, cuando generamos rutinas y estilos de vida que tienen que ver con aferrarnos a lo que nos da seguridad, terminamos teniendo estilos de vida muy poco creativos.

– ¿De dónde y cómo nacen las ideas?

– Surgen de la combinación de factores, de elementos que forman parte de tu vida (historia, información, recursos, contactos, acciones, entorno). Cuando uno se da cuenta de esto, puede empezar a observarlo, ejercitarlo y, de alguna manera, diseñarlo para que la generación de ideas sea algo más natural y no tan forzado.

– La rutina, el viaje en el tránsito, el gris del asfalto… Son imágenes que, a priori, no colaborarían con favorecer un pensamiento original. ¿Es necesario irse a una casa en la montaña para tener una idea disruptiva?

– A veces, sí, y a veces, no. A veces puede ayudar mucho hacer un paréntesis en la rutina​, y otras veces no creo que sea necesario. Una idea disruptiva puede aparecer en momentos tan cotidianos como en la ducha, en una conversación de café o cuando salís a correr al parque. Y eso sucede porque en esos momentos de distensión bajamos la guardia mental, lo que facilita que las cuestiones que se están trabajando a un nivel más subconsciente afloren y tengan un lugar para manifestarse. Más allá de irte o no a una casa en la montaña, lo importante es tener el tema presente, como si fuera una especie de declaración: «Quiero tener una idea en este sentido». Y después, a través de trabajo y momentos de paréntesis (que no tiene que ser en la montaña, sino que puede ser una tarde en una plaza o en la ducha), empezás a facilitar que sucedan las ideas.

– ¿Existen las ideas «locas», o todas las ideas tienen algo interesante? ¿Cómo podemos saber si tuvimos una buena idea?

– Uno puede percibir y valorar las ideas en la medida en que las va realizando. Si lo pensás fríamente, una idea en una etapa inicial no es más que un pensamiento de los mil que tenés por día. El potencial se descubre en la medida en que se empieza a implementar, es como que uno la expone al mundo y ve qué pasa: te puede parecer alocada al principio, pero en la medida que la desarrollás, quizás le encontrás potencial para un emprendimiento o para un negocio o para cambiar algo. Me parece importante sacarse el juicio de valor sobre las ideas, incluso antes de escribirlas en el papel («esta idea ya se hizo», «no es original»): dejá que la realidad te vaya mostrando eso, y la realidad es acción, ejecución. El proceso creativo tiene una parte inasible, mental, que forma parte de la imaginación, que está buenísimo; pero también tiene otra parte -igual de importante- que tiene que ver con la ejecución de las ideas, y es ahí donde se ven las potencialidades y capacidades que puede tener una idea.

– ¿En qué medida el miedo al ridículo o al «qué dirán» atenta contra el potencial creativo?

– Hay diversas lecturas de lo psicológico que tratan de entender la relación del miedo y la creatividad pero, a grandes rasgos, la antítesis de la creatividad es el miedo. La creatividad es acción, es hacer; y el miedo es todo lo contrario, es quedarse paralizado, no moverse. Gran parte del proceso creativo es dar pasos en la oscuridad, que no tienen que ser grandes pasos o hazañas. Quizás el proceso creativo en sí mismo te genera cierto vértigo o temor; entonces, los partís en pasitos chiquitos y vas dando pequeños pasos, como en las terapias cognitivas de aproximación, que te vas acercando muy de a poquito a esas cosas que te dan miedo.

– Steve Jobs era, para muchos, un genio; para otros, un tirano. ¿Hay relación entre creatividad, ingenio y locura?

– Es complejo. Pero creo que hay una relación entre la creatividad y la falta de limitaciones autoimpuestas, que muchas veces son las limitaciones que necesitamos para funcionar en sociedad, respetarnos y tener buenas relaciones… Y otras veces no sirven más que para limitarnos creativamente o para tapar nuestro potencial.

Si analizás a los grandes creativos de la historia, eran personas que si bien tenían sus limitaciones, procuraban avanzar igual. En el medio, hicieron grandes obras, arruinaron proyectos o han herido o lastimado personas; ahí prefiero no hacer un juicio de valor. Pero si estudiás la vida, se puede percibir que, a medida que avanzaban en su desarrollo, eran personas que tenían menos autolimitaciones, y que se manejaban con cierta libertad y autonomía que les permitía arribar a grandes hallazgos.

Sobre el caso puntual de Steve Jobs, es un personaje que seguí muy de cerca; para mí, su genialidad tiene mucho que ver con su historia de vida y con los obstáculos que tuvo en la vida. Cuando el proceso creativo surge de grandes crisis, dolores o problemas, genera grandes obras a nivel social o individual.

– ¿Cómo estimular la creatividad en los más chicos sin caer en la fiebre de la «estimulación» exagerada?

Dándoles elementos y la libertad para que jueguen; sobre todo, darles espacio libre, vacío. Es lo que más necesita una persona que quiere expresarse. El problema que tenemos los adultos es que nos llenamos de cosas o, cuando no tenemos nada que hacer, agarramos el celular y entramos en las redes sociales, así nos estamos llenando de algo. Procurar no llenar a los chicos de cosas es una muy buena forma de darles lugar y espacio para que se puedan manifestar, porque tienen menos limitaciones autoimpuestas, y tienen más capacidad de juego, disfrute, imaginación. Es una etapa maravillosa para estimular la creatividad.

– ¿Ser más creativos nos hace más felices? ¿Cuál es la relación entre ambos?

Soy un convencido de que ser creativos nos hace más felices. Soy casi un fundamentalista del concepto. En gran parte, la causa de la falta de satisfacción de las personas con sí mismas tiene que ver con la falta de realización de aquellas cosas que moran en nuestro interior, que nos apasionan, que nos movilizan, nos generan curiosidad. Cuando uno tiene una vida en la que no hay lugar para eso, priman el vacío, las preguntas existenciales y el sinsentido, que muchas veces te llevan a buscar anestesias, a frustrarte, a deprimirte.

Y se resuelve -no fácilmente- cuando ponés manos a la obra en algo que tiene que ver con lo tuyo. Lo digo por experiencia personal, porque lo viví yo y lo veo en personas con las que trabajo. Si estás triste, deprimido o desmotivado, ponete a hacer algo que tenga que ver con lo tuyo. La energía y la motivación vienen de hacer cosas que te entusiasman, y a partir de ahí se empiezan a alinear un montón de cosas.

– ¿Podrías compartir tus ejercicios «estrella» para desarrollar la creatividad?

– El primero y más accesible para todos tiene que ver con entrar en movimiento: salir de tu casa, ir a caminar, salir a correr, cambiar de ambiente. La creatividad es un proceso dinámico; cuando movés el cuerpo, activás la circulación sanguínea, que facilita las conexiones neuronales que hacen asociaciones de elementos para generar las ideas y eso te ayuda a distenderte, por lo que bajás la guardia mental y sos menos autocrítico.

Otro es añadir un elemento inesperado. Es decir, a lo que vos estás haciendo, añadís algo que, a priori, no tiene que ver con nada, que habría que meterlo con mucho esfuerzo en ese esquema. En los talleres, por ejemplo, les digo que vayan a Wikipedia y aprieten el botón «página aleatoria», donde sale cualquier cosa. De ese artículo, deben tomar un elemento para que forme parte de su proyecto. Te puedo asegurar que el cerebro tiene una capacidad enorme de asociar ideas y de generar y construir historias a través de esa asociación, y los resultados a veces suelen ser muy originales y muy creativos. Salí a buscarlo, en otro ambiente, en otro lugar.

Y el último, un consejo para proteger a las ideas y proyectos: que te lo saques de la cabeza lo antes posible, es decir, que una idea deje de ser solo una idea que está en tu cabeza lo antes posible. Y esto lo hacés tan sencillamente con lápiz y papel, poniéndole nombre a la idea, desarrollándola, escribiendo, investigando, aportándole información… Entonces, la idea deja de ser un pensamiento de los miles que tenés en el día, y pasa a ser una entidad propia, que trasciende y está más allá de vos. Y de esa forma la empezás a cuidar. Escribir a mano permite procesar la información desde otro punto de vista. Si la escribís, la observás desde otro punto de tu cerebro, y no hay mayor pensamiento lateral que ése. 

Fuente: Clarín