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La universidad del futuro: aulas con más de 50 pantallas y robots en clases

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MADRID – La tecnología está redefiniendo las reglas de juego. Y las universidades buscan la forma de ser más flexibles, ágiles y permeables al cambio. Buscan la forma de educar para el futuro y aliarse con las herramientas que brinda el avance de la tecnología. «La inteligencia artificial, la robotización, el internet de las cosas y el machine learning están cambiando la forma en la que trabajan las organizaciones y cómo se relaciona el mundo del trabajo», afirma Nick Van Dam, Chief Learning Innovation Officer de la IE University en la entrevista que mantuvo con LA NACION en enlightED, el encuentro organizado por Fundación Telefónica, IE University y Santillana y que plantea los desafíos de la educación de cara al futuro.

«Las universidades ya están cambiando pero tienen que ir por más. Hay un amplio recorrido pero no es que no quieran cambiar. Lo que sucede es que no es fácil», reconoce María Benjumea, la creadora del South Summit, la plataforma global cuyo foco es la innovación y que trabaja en la conexión de los emprendedores con los inversores. Desde su creación hace seis años logró que 550 start ups seleccionadas levantaran fondos por un total de 2800 millones de euros. «Y lo más interesante es que el 95% de esas empresas siguen vivas», agrega.

Desde el año pasado, Benjumea decidió incorporar en el encuentro anual del South Summit que se realiza en Madrid , el evento de enlightED, que reúne a los principales referentes del mundo de la educación, la tecnología y la innovación para debatir sobre cómo prepararse para el futuro. «El trabajo es en conjunto: emprendedores, inversores, empresas tradicionales, gobierno y universidades. Es un circulo virtuoso. El que no innova permanentemente morirá», fue contundente.

El avance de la tecnología les exige a las instituciones educativas estar inmersas en un proceso de reinvención permanente. Transforman sus programas de estudio, las instalaciones y redefinen la relación con estudiantes y ex alumnos. En decir, empiezan a entender que necesitar formar talentos con espíritu emprendedor, más allá de que funden o no un proyecto.

Van Dam indica que, según datos de MCKinsey, el 15% de todos los trabajos disponibles se volverán obsoletos en un futuro próximo. «La oportunidad está en que las clases medias crecen y habrá más oportunidades de trabajo», agrega. Además la expectativa de vida también aumenta: quienes nacieron en el 2007 es posible que vivan más de 100 años, según el especialista.

«La gente va a trabajar 50, 60 años. Por eso necesitamos pensar cómo vamos a ser empleados actualizados todo el tiempo y cómo seguir aprendiendo», sintetiza. Habla de un modelo de aprendizaje en pleno cambio: «antes tenía forma de T, uno aprendía y luego adquiría nuevas habilidades en el trabajo. Hoy es de N: uno vuelve a estudiar a los 30, a los 40», analiza Van Dam, quien resalta el rol de la universidad como parte fundamental del cambio.

En este contexto, surgen nuevas propuestas de estudio como por ejemplo el primer Tech MBA de Europa que lanzó esa universidad. Es de un año de duración full time y está dirigido a perfiles con formación en ciencia, tecnología, ingeniería o matemáticas. «En un mundo digital, interconectado, áreas como la gestión de datos, la inteligencia artificial o la automatización toman protagonismo en la estrategia empresarial», señala Martin Boehm, decano de IE Business School.

La diversidad también forma parte de la agenda de las universidades del futuro. En este caso, para impulsar la formación de mujeres en ciencias duras, se implementó un programa de mentoring de cuatro meses de duración. El objetivo: inspirarlas a que se postulen a nuevas posiciones.

Pero no sólo los programas se vuelven más disruptivos. Los espacios físicos también se transforman. La sala WOW (Window on the World) es un espacio físico en forma de U con pantallas. El espacio futurista transforma la experiencia de aprendizaje y le permite a 60 alumnos conectarse en forma simultanea virtualmente en vivo, utilizando cualquier tipo de dispositivo desde cualquier parte del mundo.

Funciona a través de elementos que incluyen inteligencia artificial, sistemas de reconocimiento de emociones y la presencia de expertos que usan hologramas. «Combinar el aprendizaje en línea con elementos presenciales hace que los estudiantes estén más motivados y motivados para aprender. Se solidifica el conocimiento mucho mejor «, explica las ventajas, José Esteves, associate dean de MBA Programs de la universidad española, quien agrega un dato de color: «Hay clases que el profesor las da con Pepper, que es muy utilizado en procesos de atención al cliente». Se trata del robot de la empresa japonesa Softbank que reacciona a las «emociones humanas».

Un capítulo aparte merece el análisis de la forma en la que cambia la manera de relacionarse con los alumnos. El vínculo de por vida es el nuevo paradigma. En otras palabras, la relación ya no se corta al final de la cursada.

«Desde el centro de emprendedores generamos un laboratorio que está en contacto con los venture capital del mundo», explica Nacho Mateo, chief of investor relations, quien lidera el Centro de Emprendedurismo e Innovación del IE que promueve el desarrollo de los proyectos de sus estudiantes y ex alumnos.

De hecho, posee un programa de aceleración de proyectos llamado Venture Lab de cuatro meses de duración. De esta forma buscan la forma de contener a alumnos y ex alumnos a lo largo de su carrera. También se organizan 20 conferencias por año en diferentes lugares del mundo, enfocadas en temáticas verticales. En permanente contacto con los entrepreneurs, Mateo identifica los principales obstáculos a los que se enfrenta una start up. Reconoce que al comienzo la dificultad pasa por convertir la idea en un modelo de negocio viable. Es decir, cómo hacer el pitch para alcanzar los primeros fondos. «No alcanza con un buen power point. Hay que presentar métricas, datos. Hay falta de experiencia de cómo abordar a un inversor», explica. En la siguiente fase, el desafío es cómo internacionalizar el proyecto. Esta es la etapa en la que suele necesitarse una dosis más fuerte de fondos: en general inyecciones por encima de 1,5 millones de euros.

Para finalizar, el especialista expone casos concretos de proyectos que salieron de sus aulas. El caso más relevante es el del fundador de Cabify, pero hay otros. Neuvoo, por ejemplo, levantó más de 50 millones de euros. Se trata de una web de empleos creada por dos jóvenes suizos que publica alrededor de 30 millones de puestos de trabajo y genera alrededor de 70 millones de visitas en su sitio web. Además de las ofertas de empleo, Neuvoo ofrece a los solicitantes de empleo herramientas tales como proyecciones salariales y una calculadora de impuestos.

Otro caso son el de Hungry, la plataforma de ventas de productos para los conductores de Cabify o Uber, y I feel online, el market place que conecta a psicólogos con pacientes que levantó una ronda de tres millones de euros.

Fuente: La Nación/Por Carla Quiroga