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Las Matemáticas se aprenden mejor en movimiento

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Un estudio universitario integra en esta materia Educación Física de Primaria. «A los niños les divierte. Tienen el doble de aciertos y más salud», aseguran.

La anécdota ocurrió hace dos años en el colegio público Villalegre de Avilés. Un niño de seis años se cruzó con su profesor de Educación Física en el pasillo y le preguntó: «Profe, ¿cuándo damos Matemáticas?». El alumno ni estaba despistado ni equivocado. Su pregunta tenía razón de ser porque en sus clases estaban aprendiendo a restar. Su grupo formaba parte de un estudio del catedrático de Ciencias de la Educación de la Universidad de Oviedo José Antonio Cecchini y del profesor asociado Alejandro Carriedo en el que Educación Física se integró en las clases de Matemáticas. Se llevó a cabo con un grupo de niños de primero de Primaria. El objetivo era comprobar si mejoraban los resultados del aprendizaje de la resta (el contenido de ese momento) y su actividad física, entendida en términos de moderada-vigorosa.

Según explican, «hay distintas teorías sobre la enorme implicación que tiene la motricidad en el desarrollo intelectual hasta los doce años. Sin embargo, no se había hecho ningún estudio al respecto». El suyo ha sido pionero y se acaba de publicar en la revista ‘Journal of Teaching in Physical Education’, una de las más prestigiosas en su campo. El diseño de esta fase experimental fue sencillo. Se creó el grupo en el que se unieron ambas materias y otro que siguió aprendiendo Matemáticas y Educación Física de forma independiente. Midieron su nivel con cálculos de la resta y su volumen de actividad física (la cantidad de ejercicio capaces de hacer), con acelerómetros.

Siguiendo las teorías de que «a esas edades el niño aprende mejor experimentando, interactuando con el entorno», escondieron cartulinas con restas en todo el patio. Cuando las encontraban, corrían hacia el profesor, decían el resultado y a por otra. Todo, en tres minutos. «Les encantó». Lo mismo sucedió con el juego tradicional de pillar a otro. «El atrapado restaba y si acertaba el resultado, el primer niño seguía pillando y, así, hasta que hubiese alguien que fallase». O la carrera para retirar balones de un lugar, pasarlos a otro y saber cuántos quedan en el primero.

«Tienen que experimentar»

Al finalizar, tras cinco horas de actividad física a la semana en vez de las dos habituales, volvieron a medir. El resultado fue que «todos mejoraron, pero el grupo que aprendió ambas materias conjuntamente tuvo unos resultados espectaculares. Era capaz de resolver más restas en menos tiempo y doblaba en aciertos al segundo, del método tradicional». Asimismo, sus niveles de actividad física fueron a más, mejoró su orientación espacial y, mucho, su motivación.

«El resultado viene a demostrar que el sistema de aulas, con cientos de años, ya no es adecuado. Va en contra de todas las necesidades biológicas y psicológicas del niño. El aprendizaje tiene que construirse a partir de su actividad. Queremos que aprendan Matemáticas, pero si lo hacen de una manera en la que tienen mejores resultados y están más sanos, mejor», afirman los investigadores.

Su estudio -extrapolable a otros contenidos y asignaturas- se publica en un momento el que el Gobierno central quiere que Educación Física sea troncal (con igual peso que Matemáticas, Lengua o Ciencias Sociales) para cumplir las recomendaciones de la OMS de que los niños hagan, como mínimo, una hora diaria de actividad moderada a vigorosa. El estudio de la Fundación Gasol revela que el 56% de los niños no lo hacen y el 34% sufre sobrepeso.

Fuente: El Comercio