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Milo Lockett, el artista solidario que pinta un mundo mejor

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Milo Lockett es uno de los artistas plásticos más reconocidos y premiados de nuestro país y, de hecho, su obra ya es reconocida en el mundo entero.

Además de haber obtenido varios premios y ser reconocido como uno de «los que más venden», Milo ayuda a muchos otros haciendo lo que más le gusta: pintar.

La obra de Lockett -quien ilustró junto a sus amigos de «El Club de la Pintura» el libro «Un giro copernicano a la educación», de Copérnico Consultora- es fácil de reconocer incluso por quienes son ajenos al mundo de la pintura, ya sea por la exuberancia de colores utilizados en las obras, las líneas bien definidas e incluso la utilización de palabras; huellas que facilitan su identificación.

El atelier de Milo Lockett en Palermo. Fotos: Infobae

Nacido en Chaco, Milo optó por la plástica tras darse cuenta de que había postergado esta vocación por volcar sus esfuerzos en una empresa textil que, de todos modos, lo dejó sin un peso tras la crisis de 2001.

ESPÍRITU SOLIDARIO

Milo Lockett dona un promedio de 200 obras para subastas a beneficio y participa activamente en numerosos proyectos sociales. El artista colabora con Unicef, realizó los talleres «Estampando geografía», que se llevan a cabo en pequeñas ciudades del norte del país, para que los chicos puedan valorar su entorno; produjo la Gira «Interminable», que consiste en la confección de murales en jardines de infantes hechos por chicos con síndrome de Down, y además realizó talleres masivos de pintura al aire libre y trabaja junto a Juan Carr en «Mundo Invisible«, destacó diario Infobae.

«Yo creo que la solidaridad no se piensa ni se siente sino que se practica. Mucha gente cree que para ser solidario uno debe irse al África,, pero uno tiene que ser solidario primero con la gente con la que uno convive», explicó Lockett.

«Uno empieza a ser solidario en su casa; luego es solidario con sus vecinos y con el barrio. Después puede avanzar hacia la escuela de la comunidad, pero siempre a la solidaridad no hay que declamarla; hay que ponerla en práctica», opina el artista, quien trabaja muchas horas en su taller y habla con quien se acerca hasta allí, generando un feedback que le permite conocer cuáles son las necesidades de mucha gente.