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Peter Tabichi, el mejor maestro del mundo, visitará la Argentina a principios de julio

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El ganador del Global Teacher Prize, Peter Tabichi, llegará a Buenos Aires el 1° de julio próximo. En su agenda figuran una serie de actividades con la Fundación Varkey en la Argentina. El elegido como mejor maestro del mundo estará en Salta, Corrientes y Jujuy, en el marco del Programa de Liderazgo e Innovación Educativa, que la sede local desarrolló para acercar herramientas y potenciar las capacidades de los docentes de todo el país.

Tabichi enseña Ciencias y Matemáticas a jóvenes de entre 11 y 16 años en la Keriko Secondary School de Pwani, una aldea de Kenia. Desde que empezó a enseñar allí, el colegio duplicó la cantidad de alumnos.  Se trata de jóvenes en situación de pobreza extrema y de etnias enfrentadas que caminan varias horas para llegar al colegio, por lugares que en época de lluvias son imposibles; duermen en casas precarias y comparten la cama y ropa con otros miembros de sus familias.

Tabichi es un padre franciscano de 37 años y fue elegido ganador en una ceremonia en Dubai en marzo pasado entre otros 9 finalistas al premio conocido como el Nobel de la Educación. Fue votado entre más de 10.000 postulantes y recibió un millón de dólares como distinción.

Tabichi, en marzo, al recibir el Global Teacher Prize en la ceremonia en Dubai
Tabichi, en marzo, al recibir el Global Teacher Prize en la ceremonia en Dubai

La escuela en la que enseña tiene actualmente una única computadora, sin conexión a internet. Muchos de sus alumnos son huérfanos de madre o padre; no tienen luz , recorren largas distancias para traer agua que cargan en sus cabezas; no usaron nunca un inodoro ni una ducha, se bañan con jarritos y están expuestos a enfermedades asociadas a la pobreza como malaria, tuberculosis, cólera, neumonía, VIH, y meningitis que flagelan al África subsahariana. Se criaron en medio del enfrentamiento de etnias que históricamente caracterizó a esa región del Valle del Rift y comen lo mismo cada día: por lo general, una mezcla de frijoles y maíz que les sirven en el colegio, porque en sus casas muchas veces no hay para comer. Pese a todas esas adversidades, estudian mucho y tuvieron la suerte de cruzarse con alguien que ha creído en ellos a pesar de sus circunstancias.

Días antes de viajar a la Argentina Tabichi habló con LA NACION revista, desde Londres. “Tengo que ir a varios lugares a contar mi historia y a compartir mi experiencia con otra gente. Al mismo tiempo, tengo que estar con mis alumnos”, resaltó el mejor maestro del mundo, quien aseguró que “todo esto es parte de mi trabajo ahora, pero extraño mucho a los míos, a todos lo que se quedaron en casa. Por eso elegí ser maestro. Esta es una gran profesión que transforma vidas, la de la gente joven, pero también la de la gente de la comunidad», contó y agregó: «lo único que tenés que hacer es tenerles fe, asistirlos para que desarrollen su potencial y convencerlos de ese potencial. Es en lo que estuve ocupado todos estos años”.

Consideró que la inversión no es la única solución a la hora de solucionar los problemas en la educación. “Hay muchas formas a través de las cuales uno se supera. Las inyecciones de presupuesto sirven para que los maestros se capaciten, permiten actualizar los sistemas educativos y pasar de la teoría a la práctica, pero para mí lo más importante es lo que yo llamo caminar la actitud: que tanto maestros como estudiantes hagamos foco en sacar lo mejor de cada uno, las potencialidades. Los chicos tienen talento. Es nuestro deber como maestros sacar ese talento afuera. Representan el futuro. Si no los incentivamos en esta etapa, no llegarán a dar todo lo que tienen para dar. La gente se debe reunir, debe crear equipos y estudiar otras formas de mejorar la educación además de con dinero. Podés tener mucho, pero si no sabés invertirlo adecuadamente, no se van a producir las reformas que pide el sector. Cuando la gente se junta a tirar ideas, las soluciones aparecen”, aseguró.

Entre los pilares del trabajo de este docente distinguido se destacan el hecho de ser creativo, abrazar la tecnología y promover métodos modernos de enseñanza. Sin embargo, la tarea diaria no es fácil. Para buscar e imprimir material de estudio, por ejemplo, debe viajar en su moto hasta el único “ciber” de la zona, a varios kilómetros, donde todo dependerá de si funciona internet.

Trabajos de sus alumnos fueron distinguidos en el Campeonato Keniata de Ciencias, en la Real Academia de Química de Reino Unido y, semanas atrás, en la Feria Internacional de Ciencia e Ingeniería de Phoenix, Arizona. Incluso, dos chicas viajaron a Estados Unidos a recibir el galardón por un instrumento de medición para no videntes, que desarrollaron en el club de ciencias de la escuela.

Peter Tabichi junto a la periodista de Revista Colegio María Julia Mastromarino
Peter Tabichi junto a la periodista de Revista Colegio María Julia Mastromarino

«Son muchísimas las circunstancias que pueden combinarse en África para mantener lejos de las aulas a las niñas. Según nuestra cultura, sólo sirven para preparar la comida en la casa y para encargarse de ir a conseguir agua. A los niños se les dice que ésas no son tareas para ellos, pero sí para ellas –cuenta Tabichi-. Lo que sigue es que automáticamente se quedan sin tiempo para hacer los deberes y concentrarse en el estudio. Entran en el colegio ya en una posición de desventaja. A eso hay que sumarle que debido al sistema de dote que se aplica cuando se casan, para muchos padres son apenas una fuente de ingresos. Muchos festejan cuando nace una niña, porque algún día podrán hacer dinero con ella. Las animan a que se casen rápidamente, por temor a que mueran antes de alguna de las enfermedades que asolan la región».

En ese contexto, los programas que Peter lleva a cabo apuntan a empoderarlas y que entiendan que, además de merecer ese reconocimiento, pueden influir en el mundo. «Quiero ayudarlas a conseguir un sentido de logro. Además, cuando inspirás a una mujer, automáticamente inspirás a los varones que la rodean. Educar a un niña trae efectos positivos en toda la escuela y en la sociedad en general», destaca el ganador del Global Teacher Prize.

Entre otras cosas, Tabichi visita a los alumnos que tienen problemas con las tareas; les enseñó a los padres nuevos métodos de cultivo para que puedan resistir los períodos de sequía y creó un club de paz para reparar las tensiones entre los jóvenes de distintas etnias.

Los chicos que tienen facilidades y vienen de familias acomodadas pero no aprecian la suerte de abrazar una educación de calidad deberían pensar en su futuro. Porque cuentan con esas familias, pero en un tiempo que podría ser más o menos corto, todo lo que ahora están disfrutando ya no va a estar ahí. No creo que los padres los sigan apoyando económicamente para siempre. Hoy son los que les dan todo, pero ¿quién los asistirá a ellos o a los otros miembros mayores de su familia en el futuro? Además, tienen que saber que si estudian duro pueden traer cambios y progresos a sus comunidades y países. Tienen que elegir la educación en lugar de decirse que lo tienen todo. Tienen computadoras, comidas aseguradas, comen en la misma casa en la que duermen y, además, comen bien. Necesitan a alguien que se lo recuerde, y ésos somos los maestros”, resumió.

“Muchas personas me inspiraron en la vida, empezando por mi padre. Mi mamá murió cuando yo tenía 11 años, y él nos crio solo, a mí y a todos mis hermanos (eran ocho pero tres murieron por enfermedades). Es un hombre dedicado que hizo mucho no sólo por la familia, sino por la sociedad. Supe por él de cuánto son capaces los maestros y aspiré a imitarlo. Francisco (el Papa) también me inspira. Espero conocerlo. Sería una de las mejores cosas que puedan sucederme”, confesó Peter Tabichi.

“No quiero quedarme con ser el campeón. Quisiera seguir transformando destinos y ayudando a chicos de otros lugares a conseguir logros como el que acaban de conseguir mis alumnas en Estados Unidos; sean de donde sean. Vengan de Siria o de la Argentina, de cualquier lugar en donde necesitan sentirse apreciados”, agregó el keniata.

Opinó que “las tecnologías facilitan la enseñanza y el aprendizaje. Son un medio para un fin, pero no un fin en sí mismo. Me refiero a que nunca van a poder reemplazar a un maestro en el aula. Necesitamos a los maestros todo el tiempo”, enfatizó el docente que dona el 80% del salario a la comunidad.

Respecto al trabajo de la Fundación Varkey, valoró: “la fundación le enseña al mundo que lo que hacemos los maestros es sustancial, que trabajamos duro y que merecemos reconocimiento. La educación empondera a las sociedades. Podés olvidarte de todo lo demás, pero de lo que nunca te podés olvidar es de la educación. En cualquier tipo de discusión, en cualquier contexto, debe ser la base y el centro de todo”, resumió Tabichi.