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BORIS MIR ¿Para qué sirve la escuela del sigloXXI?

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“El docente o el profesor no nace innovador, sino que se forma, se construye desde la actitud propia y desde la necesidad. Generalmente está en un contexto difícil que suele no colaborar, que hasta puede ser hostil. El recorrido para cambiar el “chip” debe ser el de la auto-superación, donde hay un momento en que nos replanteamos el ser de la tarea docente, donde no podamos ya mirar hacia atrás y repetir acciones. Es un momento clave de la carrera docente en la cual nos decidimos a cambar el ecosistema, como pasar el auto de nafta a electricidad. Un cambio radical, de mentalidad, de actitud y de prácticas, en el cual el cambio contagia. Porque es difícil cambiar profundamente algo en soledad, pero si se tiene cerca un equipo dispuesto, con ganas de hacer un diagnóstico realista, que se nutra de las distintas capacidades en el manejo de la tecnología, de los textos, de la capacidad de expresión, de la creatividad y del trabajo colaborativo por proyectos el cambio estará en marcha. Porque ese docente innovador contagiará a sus alumnos y a sus pares, construirá un ecosistema de aula que a su vez contagiará a la escuela y la organización a su comunidad. El sistema está edificado para tener bases sólidas y mantenerse. Esas bases se apoyan en todas aquellas personas que tienen capacidad de tomar decisiones en la escuela: el docente decide comprometerse, juntoa un equipo que decide trabajar colaborativamente en equipo y no en forma aislada, y a su vez en un equipo directivo que apoya a sus docentes, todos ellos estimulados por quienes dirigen el centro o la organización escolar. Es un círculo virtuoso. Ya no es “mi clase”, “mis alumnos” o “mi escuela”. Pasa por sentirse parte de un proyecto, por sentirnos responsables desde el “nosotros”.

Hoy más de 450 escuelas o centros educativos en Catalunya trabajamos en red lo que denominamos el proyecto ESCOLA NOVA XXI, es un proyecto que tiene casi 100 años de historia y que fue interrumpido con la dictadura de Franco, y que desde hace unos años revitalizamos trabajando en red junto a otros institutos de enseñanza públicos, concertados (subvencionados) y privados.

No competimos entre nosotros, sino que lo hacemos contra la estructura tradicional de la escuela del siglo XIX y XX, comprometida con preparar individuos en serie que respondan al formato de conocimiento post revolución industrial.

Nuestro modelo y forma de trabajar es colaborativa, apoyándose en dos ejes: creatividad e innovación, capacitando en forma permanente a nuestro profesorado. Este programa voluntario (nadie está obligado a participar en la red) realmente ha sido un cambio de paradigma para nosotros. Actualmente hay en Catalunya 62 redes de trabajo colaborativo y casi 480 escuelas participando, para poder medir resultados y observar la mejora en los procesos de aprendizaje recogemos muestras de escuelas que estén ubicadas en distintos contextos, y supervisamos la tarea a partir del acompañamiento, la formación permanente de los equipos directivos, generando empatía, conocimiento y experiencia.

Nuestro plateo fue ¿para qué sirve la escuela? Y a partir de allí decidimos cambiar no sólo el método de enseñanza sino que cambiamos totalmente el paradigma, donde el enseñar dio paso al aprender. Es decir, para sintetizar:

No cambiamos el método, cambiamos el paradigma.

Cambiamos el propósito, hacia una visión más humanista, donde los contenidos no son una finalidad sino una herramienta más en la búsqueda de competencias para desempeñarse como ciudadanos globales.

Una visión humanista no significa una visión religiosa, sino más comprometida en valores humanos, con el prójimo y con uno mismo para tener una vida plena.

También cambiamos las prácticas, porque nos interesa sobre todo la formación en valores, la empatía, la inclusión y para eso hay que cambiar las metodologías de enseñanza. Por ejemplo una situación de evaluación era para la mayoría de los alumnos una presión que generaba nerviosismo, estrés, angustia y en muchos casos hasta la necesidad de hacer trampa o copiarse para salvar el obstáculo de una nota que definía la aprobación o no de los contenidos o de las materias. Pero la evaluación no era una situación más de aprendizaje donde se pudiese observar al alumno en plenitud, valorar su capacidad, su creatividad o su actitud. Aquí encontramos otra de las grandes diferencias que nos separan del método tradicional, ya que para nosotros la evaluación que proponemos es formativa y parte del proceso de aprendizaje, generando competencias que servirán para la toma de decisiones.

Y por último el cambio de paradigma repercute en la organización escolar y en la comunidad circundante, porque toda la organización está al servicio del aprendizaje colaborativo. Y así nos beneficiamos todos, porque fomentamos un liderazgo para el aprendizaje. Las necesidades del alumno y de la comunidad son la prioridad para el centro educativo y los proyectos que se llevarán adelante serán en beneficio de todos porque tendrán impacto social.

Por eso el día que una escuela quiera cambiar, primero debe estar sinceramente decidida al cambio, teniendo como base un plantel docente comprometido a trabajar en equipo. Innovar es cambiar radicalmente, no poco a poco, es poner la escuela al servicio de su comunidad, aunque al principio haya temores y equivocaciones. Observar es la clave para hacer un buen diagnóstico. Sentir las necesidades de las familias y de los alumnos, estar abierto a escuchar sus preguntas me harán mejor profesor. Y trabajar con el plantel docente en forma colaborativa, capacitarlos, darles herramientas (no solo tecnológicas) harán posible una mejor comunicación con los directivos del centro, que a su vez deben ser apoyados en el cambio por el director general del centro construirán las bases del cambio de sistema, más allá de los funcionarios, el sistema funcionará.