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Cómo las investigaciones científicas pueden ayudar a mejorar la dinámica de clase

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Estudios que llevan adelante equipos científicos de la Universidad Torcuato Di Tella y de la Universidad Nacional de Quilmes proponen realizar cambios en el aula y la dinámica de clase con el objetivo de mejorar el aprendizaje de los estudiantes. Se trata, por un lado, de un estudio sistemático del desarrollo de las habilidades docentes en los niños pequeños y, por otro, de un proyecto sobre la cronobiología humana y los horarios escolares.

Revista COLEGIO tuvo la oportunidad de asistir a las conferencias que las científicas argentinas Cecilia Calero y María Juliana Leone brindaron en el marco de las IV Jornadas para Educadores realizada en el Paseo La Plaza, Buenos Aires, y dialogar con ellas sobre la incidencia de estos estudios en el ámbito escolar.

Nota: Carolina Stapcinskas

Gracias a las ciencias y los estudios académicos, el mundo moderno ha logrado grandes avances y se ha mejorado la vida de miles de millones de personas. Con sólo nombrar los antibióticos o las vacunas ya sabremos de qué estamos hablando. Y si nos acercamos más a nuestros tiempos, Internet ha provocado literalmente un cambio de era.

Pero, qué pasa en relación con la educación. ¿Cómo inciden los estudios científicos en el aula? ¿Existen estudios actuales que nos permitan realizar cambios en la dinámica escolar en beneficio del aprendizaje de los estudiantes?

Las investigaciones sobre el estudio sistemático del desarrollo de las habilidades docentes en los niños pequeños, por un lado, y sobre la cronobiología humana y los horarios escolares, por otro, son una muestra clara de que la ciencia puede ayudar a mejorar la dinámica del aula, el aprendizaje y la relación entre los estudiantes.

Pequeños maestros

Durante los últimos años la neurociencia cognitiva comenzó un estudio sistemático del desarrollo de las habilidades docentes en los niños pequeños. Desde el laboratorio se estudia la relación entre la capacidad natural de enseñar y la maduración de otras atribuciones mentales, como la metacognición.

El proyecto “Pequeños maestros” se centra en “poner a los niños no sólo en el rol de estudiantes sino también en el lugar de los maestros, usando un esquema típico que implica una secuencia en la que un niño aprende primero las reglas y estrategias de un juego de un maestro adulto, y luego interactúa con un segundo niño, un compañero de clase que no conoce el juego, u otro adulto, un actor que pretende no entender el juego y lo instruye; modificando así los roles de alumno a maestro”, explican los investigadores.

El estudio se llevó adelante con niños en edad escolar de 3 a 8 años y se aplicó la dinámica de tutoría entre pares. Los científicos afirman que “los niños están preparados para estar en el lugar del emisor y son capaces de enseñar”.

Entrevistamos a Cecilia Calero, doctora y Licenciada en Ciencias Biológicas (UBA), vicedirectora del Laboratorio de Neurociencia de la Universidad Torcuato Di Tella.

-¿Cómo aplican los docentes estas estrategias?

Hacen implementaciones que me las van contando y que para mí son mágicas. Por ejemplo, el típico fin de curso donde los papás van a ver qué es lo que hicieron los chicos y en lugar de mostrar maquetas son los nenes los que prepararon su pequeña clase y van a contarle a sus padres, que actúan de niños y van a aprender, qué es lo que ellos aprendieron. O una escuela que hizo un proyecto muy lindo donde aquellos chicos a los que les había costado mucho aprender fracciones -que es como el dilema de la escuela- grababan videos para los chicos nuevos. Entonces, ellos iban a ser maestros de esos chicos. En estos casos se ve mucho la empatía y el ponerse en el lugar del otro.

-No se trataría sólo de conocimientos sino también de cambios en las actitudes del niño. En la conferencia hablabas de la importancia de que el niño se empodere…

Exacto. Estamos estudiando, aún no está publicado, el comportamiento de ese chico en el momento en que es docente, porque su comportamiento se ve modificado: se paran más erguidos, gesticulan más, hay una apropiación de ese conocimiento, que es una de las cosas que más les atraen a los docentes, que es lo que uno quiere como docente. Es decir: yo no te cuento todo esto para aburrirte y para tomarte al final de la clase a ver si me estabas prestando atención o no; te cuento todo esto porque creo que es un conocimiento y un contenido que te puede ayudar al final del día a vos y va a permitirte seguir construyendo cuando yo ya no exista más en tu vida. Y ésa creo que es una de las cosas que los hace más atractivos para ellos.

-Estas investigaciones son un claro ejemplo del vínculo entre ciencia y sociedad. ¿Eso también lo perciben las comunidades?

Sí absolutamente. Quizás lo que nosotras hacemos es un poquito más claro de mostrar, el impacto directo que puede estar haciendo sobre la sociedad, pero básicamente todos los que estamos haciendo ciencia, todos los que estamos haciendo desarrollo tecnológico vamos para el mismo lado. Desde aquél que estudia esa molécula que a vos no se te ocurre cómo te puede cambiar la vida pero que mañana curó el cáncer, a estas cosas que son más fáciles de ver porque ocurren adentro del aula con un lenguaje mucho más común; entonces, es más fácil verlo, más claro. Y las comunidades lo entienden.

La hora de la educación

La cronobiología humana estudia cómo cambia nuestro funcionamiento a lo largo del día. Existen diferencias interindividuales en las preferencias diarias o cronotipos, que hacen que algunas personas sean matutinas, otras nocturnas y otras intermedias. Sin embargo, en la sociedad los horarios suelen ser fijos (entre ellos, los horarios escolares).  La interacción entre los cronotipos y los horarios de la sociedad afecta nuestro funcionamiento y, en particular, el rendimiento cognitivo.

Una de las conclusiones de los estudios que llevan adelante los investigadores es que los adolescentes son los más afectados: son nocturnos y asisten a la escuela muy temprano a la mañana.

Dialogamos con María Juliana Leone, Licenciada en Biotecnología y Doctora en Ciencias Básicas y Aplicadas (UNQ). Es maestra de ajedrez e investigadora del CONICET, trabaja en la Universidad Torcuato Di Tella y en la Universidad de Quilmes. Actualmente trabaja en el proyecto Crono Argentina.

-¿Qué tan importante es dormir bien?

Dormir es mucho más importante de lo que en general se cree. Dormir mal –o poco o en horarios no adecuados- se asocia con consecuencias negativas en la salud y el rendimiento cognitivo. En general, las personas estamos activas durante el día y dormimos durante la noche. Sin embargo, existen diferencias interindividuales que hacen que algunas personas sean más matutinas (alondras), otras más nocturnas (búhos) y muchas intermedias. Estas preferencias diarias se denominan cronotipos y dependen de nuestro reloj biológico principal, que se encuentra en los núcleos supraquiasmáticos, en el cerebro.

-¿Cómo pueden afectar los horarios escolares a los adolescentes?

En general, los horarios que rigen la vida social comienzan muy temprano por la mañana. Esto hace que estemos activos, trabajando o aprendiendo en momentos del día cuando nuestro cuerpo no está del todo preparado. Dado que los cronotipos se modifican con la edad y el momento de mayor vespertinidad es al final de la adolescencia, los adolescentes son los más afectados.

-¿Qué estrategias se pueden llevar adelante para facilitar el aprendizaje de los adolescentes teniendo en cuenta su cronotipo?

En educación, una de las posibles estrategias para alinear el cronotipo de los adolescentes con los horarios de la sociedad y mejorar la cronobiología consiste en modificar el horario de inicio escolar: pequeños retrasos han tenido resultados positivos. Si bien las evidencias provenientes de otros lugares del mundo apuntan a que el horario de inicio del turno mañana es muy temprano para los adolescentes, y pequeños retrasos han tenido resultados positivos, es importante estudiar el impacto de los horarios escolares a nivel local.

-¿Hay instituciones que hayan aplicado este tipo de métodos?

Sí. De hecho, hace muy poco estuve en la Provincia de Buenos Aires, en Coronel Suárez, donde justamente surgió de la propia comunidad la inquietud de cambiar el horario escolar y presentaron firmas al Concejo Deliberante para eso. Entonces, creo que hay buena predisposición en general para tratar de modificar estas cosas. Por supuesto que las razones prácticas hay que solucionarlas de alguna manera y eso lleva tiempo. Hacer este cambio de intervenciones, de modificación de la luz, es bastante complicado, pero poder evaluarlo además es más complicado aún. Lleva tiempo. La predisposición está; en los casos en que hemos contactado a instituciones educativas hemos encontrado la mejor predisposición, pero lleva tiempo.

Participá del Proyecto de Investigación Crono Argentina en www.cronoargentina.org

Crono Argentina es un proyecto de investigación cuyo objetivo es caracterizar los hábitos de sueño y las preferencias diarias en nuestro país. El proyecto se encuentra actualmente en la etapa de recolección de datos y para participar de este estudio solo se requiere vivir en Argentina, tener al menos 13 años y completar un cuestionario que lleva aproximadamente 20 minutos en www.cronoargentina.org Además de María Juliana Leone trabajan en el proyecto la Dra. Marina C. Giménez (Chrono@Work, Holanda) y el Dr. Diego Golombek (UNQ-CONICET, Argentina).