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CREER EN LOS ALUMNOS, HACER MÁS Y HABLAR MENOS: LA CLAVE DE LOS DOCENTES, SEGÚN PETER TABICHI

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El maestro elegido como el “mejor docente del mundo” por el Global Teacher Prize 2019 -distinción de la Fundación Varkey-, Peter Tabichi, visitó la Argentina en julio, en donde compartió sus  experiencias con docentes y directivos de todo el país.

“Si creemos en nuestros alumnos, encontraremos en ellos habilidades y un potencial que, con la motivación correcta, pueden llegar a ser inigualables”, aseguró Tabichi, quien tiene 37 años y además es padre franciscano.

«Los chicos tienen talento. Es nuestro deber como maestros sacar ese talento afuera. Si no los incentivamos en esta etapa, no llegarán a dar todo lo que tienen para dar. Ellos representan el futuro y en un futuro con tan grandes desafíos como el que les espera, nuestra mayor tarea es asegurarnos de que los jóvenes puedan enfrentarlos”, resaltó Peter, quien incrementó la concurrencia a clases de sus alumnos de diferentes comunidades de recursos casi nulos, los estimuló a dejar de lado sus obstáculos y a desarrollar sus potencialidades.

Revista Colegio estuvo en Salta, una de las provincias que visitó el destacado docente en medio su visita a la Argentina, Brasil y Chile, y tuvo el privilegio de conocerlo y dialogar con él.

“La colaboración continua de administrativos, directivos y colegas es imprescindible a la hora de complementar objetivos tanto académicos como sociales, para encontrar así la mejor manera de traer paz a la sociedad y alcanzar el verdadero éxito personal”, resaltó el mejor maestro del mundo en alusión al poder del trabajo en equipo.

También se refirió a los obstáculos que deben sortear los docentes y consideró que la mejor manera de superarlos es saber de antemano que los encontraremos en algún momento y que debemos enfrentarlos sin perder la determinación para descubrir la oportunidad en el conflicto y las posibles soluciones ante cada problema.

El mejor maestro del mundo brindó un imponente mensaje para todos los docentes, alentándonos a ser resilientes en los momentos de mayor frustración, y mantenerse firmes en su propósito, porque es justo después de esos momentos donde encontraremos las mejores satisfacciones de ser educadores. “Si les enseñamos a nuestros chicos a vivir una vida de simpleza y humildad, si nos enfocamos en las personas, si logramos que los estudiantes descubran quiénes son y los reconocemos por ello, si les mostramos que tienen mucho por alcanzar en la vida, si compartimos con ellos lo que llevamos en nuestro interior, entonces estaremos dando verdadero sentido, no sólo a nuestra profesión sino a cada vida que está en nuestras manos”, resumió.

Sus alumnos de la Keriko Secondary School caminan varias horas para llegar al colegio, por lugares que en época de lluvias son imposibles; duermen en casas precarias donde comparten su cama y ropa con los demás miembros de la familia. No tienen luz eléctrica, estudian con lámparas de gas, recorren largas distancias para llevar agua que cargan en sus cabezas, no usaron nunca un inodoro ni una ducha y están expuestos a enfermedades como malaria, tuberculosis, cólera, VIH, neumonía y meningitis, asociadas a la pobreza en África (tres hermanos suyos murieron por esa causa). Muchos de ellos son huérfanos de madre o padre y comen cada día lo mismo –una mezcla de frijoles y maíz que les sirven en el colegio-. Sin embargo, pese a las adversidades, estudian mucho.

El consumo de drogas, los embarazos adolescentes, el abandono escolar y los suicidios son problemáticas diarias que lo llevaron a Tabichi a querer enseñar a los más vulnerables. Desde que en 2015 tomó su cargo en su actual escuela, la matrícula se multiplicó: pasó de tener 200 alumnos a 480.

“Los chicos que tienen facilidades y vienen de familias acomodadas, pero no aprecian la suerte de abrazar una educación de calidad, deberían pensar en su futuro. Porque cuentan con esas familias, pero en un tiempo que podría ser más o menos corto, todo lo que ahora están disfrutando ya no va a estar ahí. No creo que los padres los sigan apoyando económicamente para siempre”, dijo en una entrevista con revista La Nación. “Hoy son los que les dan todo, pero ¿quién los asistirá a ellos o a los otros miembros mayores de su familia en el futuro? Además, tienen que saber que si estudian duro pueden traer cambios y progresos a sus comunidades y países. Tienen que elegir la educación en lugar de decirse que lo tienen todo. Son chicos que tienen computadoras, las comidas aseguradas, comen en la misma casa en la que duermen y, además, comen bien. Necesitan a alguien que se lo recuerde, y esos somos los maestros”.

El docente ganador del Nobel de Educación, que dona el 80% de su salario a la comunidad, explicó que al “sentir el deseo de dar hay un bienestar que viene asociado a eso. Al principio puede parecerte doloroso. El pensamiento primario que viene es que perdiste el dinero, que te están quitando algo, que deberías habérselo dado a alguien de tu familia y no a un desconocido, pero más tarde te das cuenta de que lo que estás haciendo es ayudar a transformar la vida de alguien, la sociedad y el mundo. Hay que pensar y dar más allá de las zonas de confort y los espacios de afectos. Como hermano franciscano, no me siento dueño del salario que recibo. Tengo que devolverlo a la sociedad”.

Entre otros conceptos clave, el keniata consideró que “las tecnologías facilitan la enseñanza y el aprendizaje. Son un medio para un fin, pero no un fin en sí mismo. Nunca van a poder reemplazar a un maestro en el aula. Necesitamos a los maestros todo el tiempo. Por otro lado, en nuestra región es muy difícil acceder a contenido en línea para preparar las lecciones. La mayor parte del tiempo solo tenemos la opción de usar libros de texto y confiar en ellos. Los chicos tampoco pueden hacer investigaciones adecuadas. A veces, ni fotocopias de libros conseguimos. Nos vemos obligados a usar los métodos tradicionales de enseñanza, apelar a la improvisación y apoyarnos en lo que haya disponible en el área. Integrar la tecnología y trabajar en red será nuestro gran desafío”, anticipó.

Para este docente que enseña a jóvenes de etnias enfrentadas y en situación de pobreza extrema en la aldea de Pwani (Kenia), la clave del docente transformador está en hacer más y hablar menos.

VISITA A LA ARGENTINA, BRASIL Y CHILE

Peter llegó  a la Argentina el 1 de julio y fue nombrado «Invitado de Honor» en la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires. Habló con estudiantes de secundaria en una feria digital de formación profesional y dio una charla en la Fundación Franscican a maestros, estudiantes y vecinos de Fuerte Apache.

Luego visitó Corrientes, donde la Universidad Nacional del Nordeste lo declaró Visitante Distinguido. Se reunió con la Ministra de Educación y en la localidad de Apipé, Peter fue recibido por estudiantes que prepararon un concierto, una clase de chamamé y una sesión de innovación para mostrarle su programación. En esa provincia Peter también dio una conferencia para cientos de residentes que estudian para convertirse en maestros.

Luego partió hacia San Pablo (Brasil), en donde, entre otras se reunió con su colega Débora Garófalo, una de las 10 finalistas del Global Teacher Prize 2019. Ambos participaron en una charla en la Fundación Lemann, creada para mejorar la calidad de la educación. También participó de un panel que tuvo lugar en el Centro de Excelencia e Innovación en Política Educativa.

Ya en Santiago (Chile), Peter dio una clase magistral junto al equipo de Elige Educar. También se reunió con la autoridad provincial de la comunidad fransciscana, donde recibió una copia bilingüe del libro «Desolación» de la poeta nacional chilena Gabiela Mistral, quien les otorgó su Premio Nobel de Literatura a los hermanos franciscanos de Chile por su custodia. A su vez, Tabichi se reunió con el director de la Universidad Católica en Santiago.

De regreso a nuestro país, el keniata dirigió una conferencia para administradores escolares, estudiantes y maestros organizada por la Vicaría Episcopal de Educación junto al director regional de Varkey, Agustín Porres, y el padre Pablo Corbillón, cardenal primado del arzobispo argentino de Buenos Aires, Mario Aurelio Poli.

También se reunió con el ministro de Educación Nacional de Argentina, Alejandro Finocchinaro y el secretario de Innovación y Calidad Educativa para hablar sobre cómo mejorar la educación. Recibió el reconocimiento de Sarmiento en nombre del Senado de Argentina y dio una clase magistral en la Universidad Di Tella, moderada por Mariano Narodowski y presentada por Agustín Porres.

Previo a regresar a su país, Tabichi viajó a Jujuy, donde brindó una clase magistral, y llegó a Salta para dar una conferencia para profesores. Allí estuvimos con el docente ganador del Global Teacher Prize 2019, quien fue distinguido por el Concejo Deliberante.