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El arte como disparador para recuperar el juego en las aulas

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Las formas y los colores es lo primero que nos impacta cuando ingresamos al taller de arte de Milo Lockett en Palermo. Un mundo donde el juego aparece en primer plano. Líneas simples y amigables que nos remontan a nuestras primeras manchas y dibujos, cuando no sentíamos vergüenza de expresarnos a través del arte.

Allí nos esperan Ricky Crespo, Tito Khabie y Manuel Paz, artistas de reconocida trayectoria y diversa extracción artística. Ellos, junto a Milo Lockett, conformaron hace poco más de dos años El Club de la Pintura, una experiencia lúdica y vivencial con los colores, las texturas, las formas y los conceptos que propone acercar a la comunidad a ese primer momento de la pintura, a perderle el miedo, a hacerla parte de la vida cotidiana.

“Milo ya debe estar por llegar”, nos avisan y nos invitan con mates mientras miran el final del partido Túnez – Inglaterra que se jugó en Rusia. Entre caballetes, pinceles, latas de pintura y cuadros terminados nos sentamos a matear y a mirar el partido en la tele amurada a la pared como si fuera uno más de los cuadros que hay colgados. La charla se presenta amena, se respira compañerismo.

Mientras esperamos a Milo dialogamos sobre el arte en la escuela y la importancia que tiene el juego para incentivar la creatividad, el aprender a aprender y la cooperación. También nos cuentan sobre el proyecto que los unió. El Club de la Pintura, sostienen, pretende sacar a la pintura del marco frío y distante de los museos y las galerías y llevarlas donde la gente vive, a las escuelas, plazas, clubes de barrio, peñas, festivales.

El partido termina con la victoria de Inglaterra por 2 a 1. El mate sigue pasando de mano en mano, la charla se llena de especulaciones sobre quién ganará el Mundial. Minutos después llega Milo. Estaciona su moto en la puerta, deja su casco, nos saluda, se pone su delantal de pintor lleno de pinceladas de colores y se sienta en un sillón. Un ayudante le alcanza una pila de cuadritos con lienzos en blanco donde irá estampando con un fibrón negro siluetas de animales, caras, corazones, lunas, estrellas que después se llenarán de vivos colores. Sus compañeros de El Club de la Pintura se sientan en semicírculo sobre butacas. Ya estamos listos para la entrevista.

– ¿Cómo ven a la educación argentina en la actualidad?

  • Milo Lockett: La gran deuda de la Argentina es con la educación. No hay autocrítica de nada, la escuela perdió la imagen que tenía como todas las instituciones en la Argentina. Pero si vos mirás los modelos de afuera, de los países que progresaron tienen otros modelos totalmente distintos al nuestro. El nuestro es arcaico.

– ¿Qué es el Club de la Pintura? ¿Cuáles son sus objetivos?

  • ML: La idea del Club de la Pintura era poder salir a los clubes, tratar de encontrarnos los sábados con la gente y de pintar en un lugar donde se junte a lo mejor el carnicero, el quiosquero, la señora que por cuidar a sus hijos postergó su carrera artística, la maestra de jardín de infantes, el que quiere pintar y no sabe pintar y siempre quiso tomar una clase. La idea es juntarnos a pintar en lugares así y que vaya creciendo y que vaya circulando.Para mí El Club de la Pintura no es de nadie, no tiene que ser de nadie. Cada lugar puede tener un Club de la Pintura. Cuando una idea está buena se tiene que multiplicar. No existe más esa idea monopólica y del pensamiento que dice esto se me ocurrió a mí. La idea de que alguien se pueda juntar en Adrogué un sábado a pintar en un club o en un centro cultural o en una plaza es buenísima, no hace falta que estemos nosotros cuatro, a lo mejor puede haber cuatro tipos o cuatro mujeres que estén de ahí, que sean de Adrogué, que puedan sostenerlo en el tiempo. Podemos ir a lugares por primera vez y hacer andar la pelota.
  • Tito Khabie: Era un sueño que surgió entre nosotros de poder hacer algo juntos, de juntarnos como nos juntamos así a charlar, pero a pintar en un lugar y convocar otra gente. Y bueno, de a poquito empezó a andar. Mi objetivo personal es plantar la semilla. Es verdad, no somos propietarios del Club, sino que somos generadores del Club.
  • Manuel Paz: Creo también que tiene que ver con eso, con que no sea propio y está bueno que cada uno de nosotros tiene una visión muy distinta, una obra distinta y nos pudimos unir perfectamente en el proyecto del Club. Yo fui el último que se sumó. Está buenísimo poder viajar, poder comunicarlo y que tengan formatos muy variados, el Club no es un formato de taller. El Club puede ser ir a pintar un mural con cien pibes o ir a pintar un mural con adultos o ir a un taller o ir a una charla, tiene que ver con el hecho artístico y con el hecho de compartir.

– ¿Este formato del Club lo ven aplicable a las escuelas?

  • RC: Sí absolutamente, obviamente con el apoyo de la escuela que esté de acuerdo en generar este cambio de conciencia de que el arte no es la hora libre, que el arte tampoco es generar niños artistas. El arte es un momento de juego y a través del juego los que tenemos que aprender ahí somos los adultos, qué es lo que nos pasa cuando vamos a los talleres con los chicos.Por otro lado, también veo en el secundario que el arte es abandonado prácticamente y se pierden las improntas más preciosas que tiene. El arte siempre está reflejando la realidad y el espíritu de una época. Podemos mostrarles a los chicos adolescentes que entendiendo lo que pasaba con el arte en determinada época se entienden los cambios sociales, los cambios tecnológicos, industriales, de pensamiento y la concepción de la gente.

    Y de alguna manera también nosotros creemos que el arte siempre es ese lugar donde se puede compartir porque creemos que el arte iguala.

– Pienso muchas veces que la escuela no le da lugar al asombro,¿comparten esa idea?

  • TK: Sí, perdimos mucho la capacidad de seducción con el alumno. Si vos pensás un poco en una escuela de hace cuarenta o cincuenta años atrás la gente siempre se acordaba de la primera maestra, del primer maestro, los tenés como símbolos, hoy no sucede eso. También hay que recuperar el juego, tener el juego en la clase porque a partir del juego se aprende.

– No es porque los chicos no tengan herramientas ni ganas de sumarse al arte porque cuando ustedes van a las comunidades tienen plena respuesta.

  • TK: Hay respuesta, pero en realidad no hay propuesta desde arriba, desde las escuelas, no hay propuesta a abrir este juego, creer que ahí está el camino.
  • ML: También hay que pensar que estamos en una época tecnológica que nos atraviesa y las redes sociales nos modificaron totalmente las conductas, eso tampoco hay que desconocer. Pasa mucho sobre todo en la secundaria, el profesor se encuentra con un alumno que quizás maneja mejor que él la tecnología y eso hace la diferencia muchas veces porque no puede proponer, lo que propone es muy aburrido. A lo mejor si vos armás un sistema en el cual ocupás la tecnología para educar, se modificaría. Pero también tenés que preparar a la otra parte, la que va a conducir.
  • RC: No sé si vieron la serie Merlí, seguramente la vieron. Merlí muestra un poco eso, cómo un profesor que tiene algún tipo de osadía en la forma de encarar su materia, cómo brindarla a su alumnado, es un poco resistido por el establishment propio de los demás profesores. Pasó algo muy particular en Barcelona y es que la carrera de Filosofía subió un 300 por ciento porque sacó a la filosofía del armario de la telaraña y la puso en el lugar de la cosa lúdica, dondepodés aprehender y utilizarla.
  • TK: Algo que pensamos nosotros siempre es la idea de democratizar el arte, sacarlo de ese lugar de las galerías y de la gente que dice yo no entiendo nada, no sé. No tenés que saber, tenés que disfrutarlo, te gusta, no te gusta.
  • MP: Y reconocerle el valor como una herramienta para expresarse. No está valorado ni siquiera por los propios padres a veces. Es una herramienta para expresarse muy fuerte. A nosotros nos pasa, a lo mejor no me puedo expresar de una manera oral, pero de forma visual puedo volcar un montón de cosas que de otra manera no tengo lugar. Entonces a la escuela le está faltando eso, le está faltando esa pata que es muy importante en la comunicación y en la forma de contar de los chicos.
  • ML: Una de las cosas que nos sucede es que la primera empatía la hacemos con los más chicos porque el chico tiene menos prejuicio, tiene mayor avidez, es más participativo. Estamos buscando el momento para ver si podemos armar encuentros con maestras jardineras como un primer paso para empezar a juntarnos con el docente porque sino es como muy soberbio pensar que podés armar algo para todas las edades. Cuando uno se mete con lo educativo hay que ir con pie firme porque uno se puede equivocar y la equivocación puede ser grave. Tenemos esa idea de trabajar con el docente del Nivel Inicial que me parece que es donde más nos reciben, donde tenemos el primer encuentro. Están como más predispuestos a innovar y a dialogar.

– Y los chicos te reconocen mucho, reconocen mucho tu obra.

  • ML: Lo que me pasa mucho es que me dicen “yo pinto mejor que usted” y vos decís, cuántos padres pensarán lo mismo y no se animan a decirlo. Bueno, el chico tiene eso que es increíble y que por ahí nosotros perdemos, esa sinceridad que tiene que es absoluta, que puede ser cruel, bueno, que te puede hacer reír o hacer llorar en segundos. Nos pasa que cuando algo es muy intelectual no rompe, te aleja porque es más soberbia la mirada. En cambio, cuando algo es más simple puede pasar que el otro se anime a decirte que dibuja mejor o se anima a decirte que le gustó lo que vos hiciste y que tiene ganas de pintar, ahí se produce una empatía con el otro.

– Todos los pedagogos hoy están debatiendo que la escuela debe ser inclusiva. Qué cosa más inclusiva puede haber que una disciplina artística o una expresión artística.

  • ML: Lo que pasa es que la hora de plástica muchas veces se convirtió en el recreo, en una hora menor. Tendría que tener mucha importancia, tendría que tener más dinámica la hora de la actividad plástica, no tiene que ver solamente con pintar, puede ser otra expresión. Pero también nos pasa mucho que nosotros bajamos la línea, que decimos vamos a hacer esto y me parece que eso cambió. A mi me pasó hace muchos años en un proyecto donde íbamos a pintar al medio del monte que un día un tipo nos dijo “en realidad a nosotros no nos gusta pintar, nos gusta tocar el bombo”. Para mí fue una genialidad que ese tipo me lo pueda decir porque yo no soy profesor de bombo, pero entendí eso, nosotros también tenemos que evaluar la escuela y pensar en modelos que sean más innovadores donde trabajemos con el otro ese potencial que el otro tiene. Obviamente que vamos a tener una sociedad triste y con un nivel de desigualdad terrible porque no está la oportunidad para que el chico se forme, se exprese y diga yo quiero hacer esto, quiero bailar.

– Recién hablábamos de lo que significa el juego como un eje trasversal que puede aglutinar todas las disciplinas de la escuela. Hay colegios que hacen un deporte y si ese deporte no tiene un resultado, si los chicos no llegan a un rendimiento, esos chicos no pueden hacer ese deporte porque no son “buenos”. En cambio, pintar bien o mal o regular no tiene que ver con un resultado sino con la posibilidad de que ese pibe se exprese.

  • RC: Nosotros siempre decimos que no existe la buena pintura, el dibujo bien hecho o mal hecho. Todos los lenguajes son valiosos porque todos nos expresamos de una manera diferente. El arte es el lugar donde se respeta esa individualidad que va un poco en contra de la teoría masificadora que tenemos hoy por hoy en la educación.

– ¿Han tenido ustedes contacto con autoridades para hablar el tema de la currícula del arte, los han convocado, o ustedes presentaron algún proyecto?

  • RC: No, porque recién estamos madurando la idea. Como decía Milo tampoco queremos presentarnos desde un lugar soberbio, como la salvación del arte ni de la educación, pero sí generar semillas y apuntalar esto que ya está sucediendo en los jardines donde hay una impronta artística.