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«Equilibro: cómo pensamos, sentimos y decidimos»: disertación del Dr. López Rosetti

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El ser humano es una compleja articulación de procesos racionales y emocionales. Para profundizar en la relación de los mismos, compartimos los más destacados pasajes de la ponencia que brindó el Dr. Daniel López Rosetti durante el III Congreso Nacional de Coaching Educativo, organizado por Revista Colegio y Creando Puentes. 

Emociones y sentimientos

“Lo que intentaremos profundizar en este Congreso tiene que ver con el equilibrio. Mi último libro se llama ‘Equilibrio’ y por eso lo ilustro con una balanza, donde por un lado está el corazón y, por otro, el cerebro.
Las emociones y los sentimientos tienen tonos distintos. Una emoción básica puede ser el miedo, la ira, el asco, la alegría o la tristeza.
Uno dice la palabra miedo pero, como no tenemos educación emocional, el miedo puede ser temor, aprehensión, pánico, terror. Lo mismo pasa con cada una de los de las emociones y con cada uno de los sentimientos. No tenemos un manual del usuario que nos diga cómo sentimos, cómo nos emocionamos.
Llegamos a este mundo sin ese manual y aprendemos a los golpes.
¿De dónde sale el conflicto básico entre la razón y la emoción? Desde los pre-socráticos comenzamos a hablar de la razón; Occidente parece tener una raíz racional y desde Oriente surge una raíz emocional, donde se buscaba atenuar los sufrimientos a partir de la meditación. Hoy la ciencia ha demostrado que, en realidad, son ambas cosas las que nos motivan y las que nos constituyen”.

Salir del ego

«Las emociones y los sentimientos también son formas cognitivas por las cuales uno se expresa y se hace conocer a los demás. Tomemos por ejemplo la noción del YO, es decir, del ego freudiano. Cada uno de nosotros existimos porque tenemos noción del YO, porque tenemos memoria.
Sin memoria no hay YO porque hay un antes y también un después. Sin memoria no existiría el YO ególatra que, en un sentido peyorativo, es el lugar del cual uno debería salir.
El que tiene soberbia, vanidad, el agrandado, el que se la cree, el que es arrogante, el que tiene altanería, el que tiene orgullo, el que tiene vanidad, el que tiene jactancia, el que tiene engreimiento. Ése es un hiper ego y, estar parado emocionalmente y psicológicamente en el ego, simplemente hace mal».

Una receta para salir del ego

«Si uno logra salir del ego, la vida cambia positivamente. Disminuye el nivel de estrés, conflicto, pelea, aumenta la calidad de vida. Para el «agrandado» y el soberbio, recomiendo una receta especial que contiene tres cosas: un telescopio, un reloj y una bacteria.

1) Un telescopio, porque cualquiera que se ponga a ver el universo frente a la idea de infinito se sentiría pequeño.

2) Un reloj, porque con todo nuestro conocimiento, con toda nuestra ciencia, no podemos echar el tiempo atrás ni un segundo.

3) Una bacteria, porque es muy pequeña, tanto que no se puede detener ni matar, pero si se mete en tu cuerpo puede hacerlo en cuestión de segundos, infiltrándose entre los pliegues de la piel.

Creo que estas tres cosas que figuran en la receta anti estrés ayudan a sentirse chiquito, a tener una noción de nuestras limitaciones».

La empatía cognitiva y la emocional

«La palabra empatía está de moda. Hay dos tipos de empatía: la cognitiva es la empatía racional; es conocer o darse cuenta de lo que el otro piensa. La empatía emocional es darse cuenta de lo que el otro siente. Yo lo llamo conectarse con un Wifi emocional. No es lo mismo la empatía cognitiva o racional que la emocional. La cognitiva te permite conocer al otro desde lo racional. Un psicópata tiene altísima empatía cognitiva. Por eso es un manejador, sabe cómo dañar, cómo hacerte sentir mal. Pero lo que es importante, y eso se puede aprender y desarrollar, es la empatía emocional: el ponerse emocionalmente en el lugar del otro. Esto implica un aprendizaje y sería importantísimo que las personas hagan un esfuerzo en desarrollar sus capacidades empáticas. Para ello, para poder aprender, una de las cosas que tenemos que hacer es salir del yo, salir del ego.

Cuando vos salís del YO, salís del ego, ahí empezás a empatizar. Es importantísimo salir del ego y captar emociones y sentimientos. Por ahí pasa la clave del abrirse al aprendizaje».

Seres emocionales que razonan

«No son lo mismo las emociones y los sentimientos. ¿Se acuerdan de la película Titanic, que ha sido la más taquillera de la historia? ¿Cuál es la escena más recordada? Es probable que los hombres recuerden el hundimiento, la sala de máquinas, y las mujeres rememoren otro tipo de escenas, más románticas. Cada uno construye un recuerdo, una realidad distinta desde nuestros propios procesos psíquicos, porque la realidad es una construcción.
Por eso, ¿cómo pensamos? ¿cómo decidimos? Somos seres racionales que decidimos. En mi libro anterior, “Emoción y sentimientos” lo enfaticé claramente: somos seres emocionales que razonamos.
Desde hace más de 4 millones de años somos seres emocionales, mientras que las capacidades cognitivas no tienen más que 70 mil años de evolución, que es cuando aparece la razón. No se puede ver al ser humano como un ser pensante solamente. La materia prima del poeta es la sensibilidad hacia la naturaleza y el arte, como podemos apreciar en El Pensador de Rodin.
La primera emoción, la más antigua, es el miedo. Sin él no estaríamos acá, porque nos hubiese comido un predador. Después vienen las distintas emociones y todas tienen una función específica».

Diferencias entre emociones y sentimientos

«Las emociones son un fenómeno neurobiológico y éstas son básicamente seis: miedo, ira, alegría, tristeza, asco, sorpresa. Una emoción es algo que sentís pero que tiene rostro. Es algo no aprendido, que vino con cada persona desde antes de nacer. Es parte de un proceso biológico.
Los sentimientos (el amor, la fe, el odio, la culpa, la vergüenza, el orgullo) son mucho más complejos.
Las emociones son intensas, de corta duración, tienen rostro y son fenómenos públicos porque son comunicacionales. Los que te rodean lo perciben y se dan cuenta de qué emoción tenés.
El sentimiento es distinto. Tiene menor repercusión física instantánea pero puede durar mucho tiempo, a veces toda la vida, como la fe, el amor, la culpa, la vergüenza, el orgullo.
Los sentimientos son fenómenos privados. Los tenés que comunicar hacia un otro. Los seres humanos somos mezclas de emociones y sentimientos.
Conocer a una persona no es conocer su capacidad de raciocinio. Eso sería demasiado elemental porque el razonamiento es sistemático. En cambio, cada uno de nosotros tenemos todas las emociones y sentimientos. Lo que nos diferencia es la proporción de cada uno de ellos que nos habita».

Las emociones y los sentimientos en la docencia

«Conocer a alguien es conocer su mezcla de emociones y sentimientos. La diferencia sustancial entre un docente y Wikipedia está en la pasión. Uno tiene que tratar de encontrar esta comunicación emocional con los alumnos y en la docencia. Tuve un profesor al que le he dedicado dos hojas del prólogo de mi libro por la pasión que transmitía. El conocimiento hoy está al alcance de un clic. Por supuesto que hay que tener contenidos y conocimientos, pero a veces no es tan fácil transmitir qué es lo que uno siente con muy pocas palabras. Si somos una mezcla de emociones y sentimientos es porque compartimos todos las mismas sustancias en distintas proporciones.
A mi juicio, la razón y la emoción juegan un papel protagónico en equilibrio, en forma dinámica y continua. Quizás sea más interesante decir en la escuela ‘lo sentiste bien’ en vez de ‘lo pensaste bien…’
Blas Pascal decía: ‘El corazón tiene razones que la razón no entiende’. Esa frase me parece ilustrativa, así como de la Grecia antigua: ‘Hombre, conócete a ti mismo y conocerás al Universo y a los dioses’, y la famosa frase de ‘El Principito’: ‘Sólo con el corazón se puede ver. Lo esencial es invisible a los ojos’.
Si analizamos cómo pensamos y cómo sentimos podremos darnos cuenta de la manera en que tomamos decisiones. La inteligencia parece ser algo racional, lógico y matemático. Sin embargo, la emoción parece ser otra cosa. La inteligencia emocional mezcla ambos elementos. Y dentro de la inteligencia emocional, que es la capacidad para percibir, comprender y regular nuestras emociones y la de los demás a través de la empatía, hay tres elementos: la percepción, la comprensión, y la regulación.
Percibir en inteligencia emocional es categorizar una emoción. Si uno no sabe lo que siente o lo que siente el otro es analfabeto emocional. El analfabetismo emocional es la primera etapa de la inteligencia emocional, que es percibir.
Luego debo comprender por qué siento lo que siento; después comprender por qué siente el otro lo que siente y recién después vienen los mecanismos regulatorios. Y utilizo la palabra regulación y no la palabra control porque no se trata de controlar emociones sino de administrarlas, de gestionarlas, de regularlas”.

La intuición

«Tomamos decisiones continuamente. Casi todas son intuitivas; casi no hay decisiones racionales. Algunos las definen como corazonadas, presentimientos, pálpitos o vibra, sexto sentido, como quieran. Una intuición no pasa por los caminos del razonamiento, pero debo reconocer cuando puedo equivocarme en una intuición y eso se llama eurística o sesgo intuitivo.
La intuición es una fabricación de la mente, muy útil y se puede desarrollar. Un docente que desarrolle sus capacidades intuitivas puede tener una intuición experta, como también la puede tener un médico o un bombero.
Casi todo el día tomamos decisiones de orden intuitivo que tienen mucho más que ver con la emoción. Es importante saber cuándo una decisión no tiene que ser intuitiva y salir del piloto automático y racionalizar alguna cuestión si la decisión, sobre todo, es muy importante.
El tiempo viene del griego Cronos, pero hay otro tiempo no cronológico, que es un tiempo personal en el que se toma decisiones (kairos). Para poder salir del “piloto automático” debemos aprender a identificarlo. Este tiempo entre la emoción y la razón debe ser equilibrado.
El aprendizaje a través del tiempo se denomina experiencia. Ésta, entre otras cosas, es el fruto de los errores cometidos y, en términos generales, se aprende a través del tiempo. Consultar es salir del ego. La experiencia ajena es extraordinaria porque te abre la cabeza pero lo segundo extraordinario que tiene la experiencia ajena es que es extremadamente barata. No la pagaste vos con un propio error. Se aprende mucho leyendo, saliendo del ego. Otra facultad extraordinaria para el aprendizaje es la duda, porque el dudar es esencial para avanzar por el camino correcto y eso refuerza los aprendizajes».

El equilibrio y la búsqueda de la felicidad

«La felicidad en medicina se llama bienestar subjetivo percibido. Esto también se aprende, como todo en la vida. Pablo Neruda decía: “la felicidad es interior, no exterior. Por lo tanto, depende de lo que somos, no de lo que tenemos”.
En mi experiencia, no hay bienestar si no hay paz. Si tenés amor, paz y trabajo tenés las condiciones básicas de bienestar. Tampoco podemos ser idealistas. No se puede ser feliz con el estómago vacío. Entonces, en la pirámide de Maslow, abajo tenemos las necesidades básicas, como alimentación, vivienda y lo que tiene que ver con la dignidad humana, y, a medida que sube la pirámide, llegamos a la autorrealización.
Vamos a ver algunos elementos que guardan relación con el bienestar subjetivo percibido, pero no tenemos un manual del usuario. Cualquiera puede ser feliz o infeliz en cualquier momento de la vida. Sin embargo, hay algunas reglas generales. Según algunos test, las personas se manifiestan felices en términos generales a los 20 años. Allí hay un pico de felicidad. Después van pasando los años y empiezan a aparecer los problemas y los fracasos, las decepciones, las desilusiones; entonces uno va encontrándose con la realidad de la vida y aparecen los problemas.
Entre los 40 y 50 años viene la curva de la “U”, pero cuando uno pasa quizás los 50, 55 ó 60 años empieza a subir nuevamente la tasa de felicidad. Las personas empiezan a valorar lo que tienen y no lo que quieren tener.
Comprender esto que parece simple, y no lo es, te cambia la vida. Si uno empieza a valorar lo que se tiene, también te cambia la vida. Ese bienestar se puede desarrollar. La verdad es que el dinero no hace la felicidad. Por supuesto que si ganás más dinero te sentís mejor, porque tiene que ver con un reconocimiento personal, con nuestra cultura de Occidente, porque aquí nosotros somos lo que hacemos y tenemos. Pero es tan cierto como asumir que el doble de dinero no es el doble de felicidad».

Los vínculos afectivos

«Los vínculos afectivos son los más probados que hay en la historia del bienestar subjetivo percibido. Si uno comprende la importancia de buscar afectos (personas con la que uno cuenta, a las que uno quiera, como amigos, familia y hasta mascotas), la cultiva. Hay que tomar conciencia de que esta receta del bienestar nos hace más felices. ¿Cuál es la receta? Simple: aumente la dosis de tiempo con amigos y familia. Hace bien. Lo tienen que poner en la agenda. Tienen que decir: ‘Yo una vez por semana me voy a reunir con amigos a comer una pizza y a tomar una cerveza o un café aunque tengo un poquito de colesterol porque me va a hacer bien’. Por eso hace tan bien ver a los queridos compañeros de la época del colegio, por ejemplo, o ver a aquellos amigos que uno conoció en unas vacaciones, porque han sido experiencias felices.

Las personas que se manifiestan más felices son las que, además de tener placer, tienen proyecto o sentido. En la vida tener un proyecto, tener ‘sentido’, le da a las personas una mayor sensación de bienestar subjetivo percibido. Y eso tiene que ver con el equilibrio entre la razón y la emoción”.

Especialista en clínica médica y cardiólogo universitario egresado de la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires, López Rosetti se especializó en el diagnóstico y tratamiento del síndrome del estrés. Es profesor titular de la cátedra de Psicofisiología de la carrera de Psicología de la Universidad Maimónides; director del curso universitario de Medicina del estrés y Psiconeuroinmunoendocrinología clínica de la Asociación Médica Argentina, y coordinador del gabinete de Medicina del Estrés y Psicobiología del Hospital Central Municipal de San Isidro. Es presidente de la Sociedad Argentina de Medicina del Estrés (SAMES); miembro titular de la Asociación Médica Argentina; miembro de la Sociedad Argentina de Cardiología, y de la Sociedad Española para el estudio de la Ansiedad y el Estrés (SEAS).