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KOEN TIMMERS – El proyecto Kakuma: cada chico merece una educación

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Koen Timmers es un profesor de Computación belga que logró conectar escuelas alrededor del mundo y mejorar la educación de jóvenes refugiados. Su red global es liderada por 20 maestros embajadores y cuenta con herramientas innovadoras, como una valija solar que lleva energía a las escuelas que carecen de electricidad.

Convencido de que la educación es un derecho humano, el profesor belga Koen Timmers decidió usar la tecnología para desarrollar un proyecto pedagógico sin fronteras. Su trabajo se extendió a un campamento de refugiados de Kakuma (Kenya) que, entre otras cosas, carece de recursos para establecer una conexión regular. En la mente de Timmers, un joven profesor de Computación apasionado, nació entonces una idea ambiciosa: El Proyecto Kakuma, una iniciativa para obtener lo necesario para enseñar a distancia a maestros y estudiantes refugiados de ese sitio de África Oriental. Por el valor de esa y otras iniciativas, el educador belga fue distinguido como uno de los diez finalistas del Global Teacher Prize 2018, el premio al mejor maestro del mundo que se entrega anualmente en Dubai, Emiratos Arabes Unidos (ver aparte). Allí, habló con la Revista COLEGIO tras brindar una clase maestra que presenciamos sobre Kakuma y su plataforma global que involucra a más de 20 mil alumnos de diferentes países.

– Sos profesor de una escuela que parece no tener límites físicos concretos porque das tu clase en interacción permanente con maestros y alumnos de distintas partes del mundo. ¿Cómo fue que pensaste en la tecnología como un modo de contribuir a la igualdad?

-Yo estoy convencido de que todo chico merece una educación y una prueba de todo lo que nos falta para eso es conocer las necesidades que tienen en Kakuma. Hace tres años me llamaron de ese campo de refugiados para iniciar capacitaciones por Skype. Yo quería mejorar la educación del campamento pero en ese momento desconocía que fueran tantos. Básicamente, tampoco sabía que no tenían electricidad, ni computadoras, ni internet, ni nada. Apenas unos pocos libros y muebles. Me di cuenta de que era muy inocente pensar que podía ayudar sólo con llamadas por Skype. Entonces, decidí enviar mi propia laptop al campamento para que pudieran comunicarse, creé el sitio www.projectkakuma.com y comencé una búsqueda de financiamiento para el soporte técnico de las clases. De esa manera, distintas compañías donaron laptops y paneles solares para generar energía y la conexión a internet. Luego se fueron sumando los asistentes para el proyecto educativo para garantizar que todos recibieran una clase semanal.

-¿Cómo fue coordinar un proyecto de tanto alcance?

Hace ya tres años yo tenía un trabajo full time en la Escuela de Heusden-Zolder, en Bélgica. Además, trabajaba en la plataforma online que creé para conectar escuelas alrededor del mundo en torno a proyectos de aprendizaje que interesaran a los chicos como el cambio climático, el agua, igualdad de género y diversidad cultural. Ya estábamos en red con más de 300 escuelas de 50 países distintos. No podía dar todo lo que necesitaban. Entonces, decidí armar una comunidad global con los docentes que se quisieran sumar al proyecto Kakuma y la propuesta fue creciendo día a día. Hoy, en total, 175 maestros ofrecemos educación gratuita. Enseñamos Matemática, Ciencias, Religión y Arte por Skype y todos pensamos que es buenísimo porque en esas clases globales no sólo brindamos conocimiento sino también pasión y empatía.

-¿Y los estudiantes de Kakuma tienen la posibilidad de ir conectándose con otros?

– Sí, y logramos hacer que todos aprendan porque mi intención también es poner a los estudiantes de otras partes del mundo en los zapatos de los chicos refugiados. Cumplimos un propósito amplio porque queremos brindarles a todos las conexiones y una perspectiva de las diferentes realidades. En general, leemos sobre las personas refugiadas pero nadie sabe específicamente lo que están haciendo y en qué circunstancias están viviendo.

Mientras mantienen las esperanzas de mejorar su calidad de vida, en Kakuma están viviendo como pueden. El campamento alberga a 200 mil refugiados que huyeron de la guerra y el hambre en Somalía, Sudán, Burundí, el Congo y otras regiones conflictivas de África. Más de la mitad son chicos, nacidos en lugares distantes o también en el campo. Algunos de ellos llegan solos, sin certezas de donde están sus padres. Kakuma cuenta con 30 escuelas precarias y sus profesores, y cada clase puede tener unos 200 alumnos.

-En tu clase mostraste una valija solar con la que van llevando conexión a diferentes escuelas. ¿Qué es exactamente?

-Es una forma de ofrecer electricidad para una escuela por vez. La valija tiene un panel solar plegable y ofrece un suministro de energía gratuito para las escuelas que no tienen energía eléctrica. Es móvil y permite cargar computadoras portátiles o teléfonos durante el día. Y por la noche garantiza la luz para los estudiantes que están en la escuela. En Estados Unidos cuesta 2.500 dólares. Y nosotros estamos desarrollando una por 250 dólares. Trato de buscar la forma de que la conexión sea más accesible porque es más difícil lograr el soporte que conseguir a los profesores. En ese aspecto estamos fortalecidos. El proyecto tiene 20 maestros embajadores en el mundo (una de ellas es la capacitadora docente argentina Jennifer Verschoor) y vamos incorporando gente permanentemente.

-¿Qué significa haber llegado a esta instancia de reconocimiento mundial como finalista del Global Teacher Prize, el premio conocido como el Nobel de la Educación?

-Es un gran honor y un respaldo importante para seguir avanzando pero lo entiendo como una distinción que está destinada a un conjunto. Yo pienso en plural. Esto no se limita a mí, ni a mi escuela, ni a mi país. Mientras hablo con vos, por ejemplo, hay tres maestros canadienses que están interactuando con estudiantes de España. O alumnos de Colombia con otros de Suecia. Entonces, no puedo pensarlo de otra forma que como un reconocimiento a toda nuestra comunidad global, los que trabajamos en esta gran red para mejorar la calidad de la educación.

La mega cumbre de la Educación con los mejores maestros

La megacumbre mundial de la educación que se celebra anualmente en Dubai tuvo su corolario con el anuncio de la ganadora del Global Teacher Prize 2018. El mayor premio, de un millón de dólares, fue concedido a la maestra Andria Zafirakou, una profesora de arte que desarrolla un proyecto para la inclusión de estudiantes inmigrantes en la Escuela inglesa Alperton Community School, de Brent.

Revista COLEGIO presenció de cerca la alegría de la galardonada y las ovaciones del auditorio pero, sobre, todo la emoción de los padres de la docente, que la aclamaban orgullosos. Ellos fueron testigos de los esfuerzos que precedieron sus logros. Es que para vencer las barreras que se le presentaban, Zafirakou aprendió palabras básicas de 35 de los 130 idiomas que se hablan en esa comunidad y se aseguró de proteger a sus estudiantes de las pandillas que los asediaban en torno a su escuela. Sus alumnos provienen de algunas de las familias más pobres de Gran Bretaña y muchos comparten una casa con otras cinco familias. La profesora de arte rediseñó su trabajo para fomentar una educación inclusiva y logró que sus estudiantes mejoraran sus calificaciones.

Entre los diez finalistas al galardón este año había dos latinoamericanos, el colombiano Luis Miguel Bermúdez y el brasileño Diego Mahfouz. Los demás eran de Gran Bretaña (la ganadora), Noruega, Filipinas, Australia, Sudáfrica, Bélgica, Estados Unidos y Turquía. También fueron convocados los maestros argentinos nominados en distintas oportunidades, Silvana Carnicero, Germán Soto, Graciana Goicoechandia, Inés Bulacio y Silvana Corso.

El foro mundial organizado por la Fundación Varkey sirvió además para que expertos en educación, estrellas del deporte, celebridades que tuvieron docentes inspiradores y referentes políticos debatieran sobre cómo preparar a los jóvenes para el 2030 y más allá.

El escenario propició intercambios como el de la actriz Charlize Theron y el ex primer ministro británico Tony Blair sobre cómo hacer frente a los desafíos para que la educación llegue a todos los chicos. Desde Argentina, viajaron también el senador Esteban Bullrich y el presidente de la sede nacional de la Fundación Varkey, Agustín Porres.