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NARODOWSKI: “TENEMOS QUE FORMAR DOCENTES EN LA CONTINGENCIA”

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En el marco de las 1ras Jornadas Internacionales “Educar en la realidad sin perder el asombro”, organizadas por la Universidad Católica Argentina (UCA), el Dr. Mariano Narodowski expuso sobre la formación docente en Argentina y la importancia de que quienes se forman para educar estén preparados para afrontar conflictos sin sentirse frustrados. 

Acompañado por la Mag. Gabriela Azar, directora del Dpto. de Educación (UCA), y por el Dr. Carlos Torrendell (UCA), el académico, docente, pedagogo e investigador argentino Mariano Narodowski disertó ante más de 200 educadores en un atrapante conversatorio llamado “Miradas sobre la formación docente para la infancia”.

Los medios y la fuente del saber

“Tenemos que tratar de evitar la mirada melancólica sobre el pasado. En los años ‘60 no había cable, por ejemplo, pero el peligro estaba en las historietas, que supuestamente nos iban a causar graves daños; en el cine continuado (nos quedábamos a ver tres películas argentinas seguidas) y, finalmente, en la televisión, que no tiene nada que ver con lo que es ahora (era en blanco y negro, con cinco canales y sin programas infantiles). Sin embargo, los maestros temían y se escribieron ‘ríos de tinta’ para entender la negativa influencia de la TV en los chicos. También se hablaba mal de los radioteatros, las fotonovelas para las chicas y el propio cine o la música. Cada época tuvo su “monstruo” mal influenciador tecnológico y devorador de curiosidad. Sí hay una diferencia que empezó en los años ’60 y es la velocidad del cambio tecnológico: inteligencia artificial, cambios en los vínculos y el modo de vivir en sociedad. Esto sí es un problema. Ahí me remito a Margaret Mead (antropóloga y poeta estadounidense), quien  plantea que a partir de los años ‘60 cambió la cultura occidental y se fue perdiendo la idea de tradición. Desde entonces, los adultos ya no son embajadores de lo anterior y las tradiciones explican cada vez menos porque los cambios son cada vez más violentos. Los “viejos” no sabemos qué es lo que pasa ahora. Las nuevas generaciones tienen mayor capacidad de desenvolverse. Antes le íbamos a preguntar todo al abuelo, pero ahora no tiene mucho sentido. Eso sí tiene consecuencias en las escuelas y las familias porque la simetría que estaba dada por una autoridad de origen ya no funciona de esa manera. Ahora ser adulto no tiene una legitimidad propia. Hay que demostrar y salir a ganársela frente a nuevas generaciones que aportan conocimientos que las viejas generaciones no tenemos. 

Es la manera de vincularse con estas tecnologías lo que cambia radicalmente. Hay una lógica de apropiación del conocimiento. Está mal la distinción entre nativos digitales y migrantes digitales. Las nuevas generaciones se procesan en las lógicas de las nuevas tecnologías. El asombro frente a las nuevas tecnologías es nuestro. Ellos viven ahí; están inmersos en eso. Los adultos tenemos una concepción distinta”.

Asimetría de la autoridad respecto del docente

“La diferencia entre los docentes y los alumnos ocupa el lugar del saber. Es el punto de partida para tener algo para contar, un camino de perspectiva para abrirte, pero el docente es quien va a proponer lo nuevo. Esto hace 50 años hubiera resultado una obviedad. La escuela es una tecnología muy potente que se creó en el siglo XVII, que se difundió hacia mediados del siglo XIX y todavía no alcanzó su mayor grado de consolidación. El problema es que es muy impermeable a los cambios, como cualquier tecnología. No es que se firma un decreto y en las escuelas hay cambios. Creer eso es un gran error de los docentes, alumnos, gurús del cambio educativo y ministerios de Educación. Las notebooks iban a cambiar la escuela y la escuela terminó cambiando las notebooks.

Para poder comprender esta relación con las nuevas tecnologías debemos entender que la escuela no es un escenario neutro. Hay cosas que se pueden hacer y otras que no. El problema es que esa tecnología funciona en base a combustible adulto en una época en que esos adultos tienen que ser legitimados. Hay un desacople, un ruido en la tecnología. Funciona en base a una relación asimétrica entre adultos y niños en una sociedad donde esa relación está desdibujada. El gran dilema es cómo formar docentes para esa tecnología. Ser docente hoy es muy difícil. No lo era hace 50 años atrás, cuando los maestros se hacían ‘los malos’, levantaban la voz y los chicos aprendían. Allí se respetaba a una joven de 18 años porque era una sociedad totalmente jerárquica donde los libros de lectura eran los servidores públicos. Esa autoridad estaba dada. No había que legitimarla.

Actualmente, los jóvenes de 22 o 25 años que salen de un instituto de formación docente tienen una preparación mucho mayor que una chica de 18 hace 50 años. Cambiaron la sociedad, la cultura, la lógica del poder. Hay que transmitirle a los futuros docentes que es difícil, que hay conflictos, que la realidad se les impone, propio de un desacople en el seno de una tecnología que está preparada para algo que no sucede. En ese contexto, tenemos que formar docentes en la contingencia, en una alta autoestima, preparados para situaciones de conflicto, que tengan la fortaleza anímica para sobrellevar la frustración de que muchas cosas no las podrán hacer, y  no porque sean malos maestros…

Nuestra política educativa tiene una rigidez absoluta. Es muy difícil poder adecuar los institutos de formación docente y las escuelas públicas. En la Argentina tenemos modelos organizacionales de trabajo docente, organización del currículum, materias y recreos, que son iguales que en 1927, pese a los cambios de nombre a Polimodal, Nueva Escuela Secundaria, etc.

La ausencia de un plan educativo

La Argentina no tiene una clase dirigente (empresaria, sindical) interesada por la educación y menos aún por legitimar a los educadores. No es que la sociedad civil se opone a cómo tratan a los docentes y éstos tampoco hacen mucho para generar una masa crítica contraria. Estamos en un empantanamiento en la educación, de parálisis. No hay un plan educativo. En los ministerios de Educación nacional hubo una sangría de técnicos muy valiosos. Estamos en una situación muy delicada y soy escéptico de que haya cambios en el mediano plazo.

¿Cómo salieron otros países de las escuelas normales? Con universidades de dos clases: el caso típico mexicano, de Colombia o Brasil (universidad pedagógica). En Argentina no se aplicó la formación docente universitaria para el Nivel Inicial y Primario porque el gobierno de ese entonces (Dictadura cívico militar), preocupado por la influencia ideológica del marxismo y el peronismo revolucionario en las universidades públicas, no quería que los maestros se ‘contaminen’ con la ideología. Entonces crearon los institutos de formación docente como una forma de tener a los futuros maestros encapsulados ante el miedo de ideas subversivas.

La formación docente en crisis

“Creo que tenemos un problema general de formación en Argentina, no sólo de formación docente sino de cuadros dirigenciales de todas las áreas de Gobierno, de todas las profesiones. Somos uno de los países que menos ha crecido desde 1930 hasta acá.  Todo el problema no es la educación; tenemos que tratar de innovar para que en el futuro se pueda demostrar que se puede cambiar. Hay un enorme desafío de trabajo tanto en cada aula, en cada escuela como a nivel político para ir resolviendo los problemas”.
Finalmente, Mariano Narodowski fue consultado sobre si es más fácil educar sin perder el asombro con las nuevas generaciones de docentes millennials. “Hay dos niveles de asombro: el asombro por lo sorpresivo, inesperado, sobre lo que hay que trabajar. Después viene la parte menos divertida: la del rigor, la precisión, el método científico, la construcción del conocimiento. La escuela no está para ser divertida. Allí debemos dejar de lado las certezas sobre la vida, entender otra cosa y cambiar.  Es central trabajar sobre esa idea, de que hay trabajo intelectual, de rigor, de método científico. El tema es la responsabilidad. Hay que estudiar, leer, discutir, formarse con tiempo, aburrirse, decepcionarse. Eso es la educación desde la salita de tres años en adelante. En cuanto a las personas que ya están trabajando en el sistema educativo y los millennials y centennials, se educa con lo que se tiene. Los jóvenes son mejores que nosotros. Tienen un pragmatismo y dan por natural cosas que a nosotros nos parecen rarísimas y funcionan mejor. El esfuerzo a veces está mal calculado; ellos se formaron en la cultura de la realización inmediata. Yo veo el futuro con más ánimo. Mañana va a ser mejor a nivel cultural en general. Ellos tienen una apertura y capacidad de observación y comprensión humana de las cosas mayor y menos prejuicios”.
Mariano Narodowski nació en Buenos Aires en 1961. Egresado del Instituto Superior del Profesorado Mariano Acosta, fue maestro de escuela primaria durante muchos años. Hace más de 30 que se dedica a la investigación académica en educación. Es profesor titular en la Escuela de Gobierno de la Universidad Torcuato Di Tella, doctor en Educación (Universida de Estadual de Campinas, Brasil). Fue presidente de la Sociedad Argentina de Historia de la Educación y dicta cursos y conferencias en universidades extranjeras. Entre 2007 y 2009 estuvo al frente del Ministerio de Educación de la Ciudad de Buenos Aires. Es miembro fundador de Pansophia Project. Sus líneas de investigación se enmarcan en los campos de la política educativa y su desarrollo, los sistemas educativos comparados, la historia y el futuro de la infancia.