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Santiago Bilinkis: Traer la escuela al siglo XXI

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La discusión por el rumbo de la educación no es nueva. Numerosos pensadores, educadores y políticos se han referido sobre el tema desde la organización misma de las primeras escuelas. En nuestra historia reciente, autores como Howard Gardner y Ken Robinson contribuyeron a plantear la necesidad de un cambio en la forma de educar a nuestros chicos. Hoy se piensa la educación incluso desde las neurociencias, desde donde autores como Facundo Manes y Estanislao Bachrach aportan su visión sobre los procesos de aprendizaje y la importancia del desarrollo de la creatividad.

Santiago Bilinkis ofrece otra mirada. En su libro “Pasaje al futuro” dedica todo un capítulo a pensar la educación. Santiago resalta que, más que respuestas, él tiene muchas preguntas acerca de cómo educamos hoy a nuestros chicos, pero considera que tenemos por delante el enorme desafío de reinventar la escuela y adecuarla a los tiempos que corren. Revista COLEGIO tuvo el gusto de conversar con él acerca de estos temas.

– Santiago, vos planteás que nos urge transformar la escuela. ¿Qué tipo de transformación creés que necesita hoy la educación?

Más que respuestas o propuestas, lo que tengo son preguntas. Yo creo que estamos frente a un escenario donde hace falta una reinvención tan profunda, que quizá lo más preocupante no es que no tengamos respuestas; yo tengo la sensación de que no nos estamos siquiera formulando las preguntas correctas. Y creo que ya el mero hecho de hacerse las preguntas correctas es un paso importantísimo, y es el que yo aspiré a dar con el capítulo del libro que escribí. Creo que es imprescindible que empecemos a discutir estos temas, y además que nos convenzamos de que hace falta un cambio profundo, que no podemos darlo por sentado. Si uno pregunta, en la mayoría de las escuelas siempre le van a decir que hay cosas por mejorar; pero creo que no se ve la magnitud del desafío por delante, de la enorme reinvención que hay que hacer. Si uno se centra en las discusiones que surgen cada vez que se plantea un cambio curricular, ve que en general se trata de cambios superficiales y cosméticos.

El año pasado hubo en la Ciudad de Buenos Aires muchos colegios tomados por una discusión que giraba en torno a un cambio en la manera en que se enseñaba informática en las escuelas. Y para mi fue muy interesante. Sin entrar a terciar en el debate de quien tenía razón, a mi lo que me impresionó mucho es que los estudiantes que tomaban las escuelas rechazaban el cambio que se estaba intentando introducir pero no tenían una agenda alternativa. El planteo de los estudiantes era mantener el status quo. Y el cambio podía ser acertado o equivocado, pero los estudiantes, que son los principales perjudicados con el atraso del sistema, no tenían una agenda, o la iniciativa de pensar que lo que hace falta es, justamente, cambiar. Por eso creo que tampoco se escucha en los estudiantes, hoy, una demanda genuina de cambio, en el sentido de traer la educación al siglo veintiuno y sacarla del estancamiento en el que está.

– En tu libro hablás de la Creatividad. Planteás que es importante formar creadores, en vez de consumidores. Y que el valor de almacenar información para poder reproducirla luego ha sido corrido por una necesidad de poder articular.
En el momento en el que yo me eduqué, treinta años atrás, cuando no existía todavía Internet, memorizar datos era muy importante; porque si vos necesitabas un dato y no lo tenías en la cabeza, obtenerlo era muy difícil. Salvo que tuvieras una enciclopedia en tu casa, tenías que ir hasta una biblioteca, hablar con el bibliotecario, conseguir un libro, etc. Entonces, frente a la perspectiva de necesitar un dato con cierta urgencia, cuanto más pudieras tener en la memoria, mejor. Hoy, que con Internet cualquier dato fáctico lo tenés en treinta segundos, la necesidad de tener datos en la memoria cambió completamente. Y sin embargo, si vos te fijás la manera en que los chicos hoy en día están siendo educados, el énfasis puesto en la memoria y en la evaluación de la capacidad de repetir conceptos tal cual los escuchaste, sigue siendo el mismo que hace treinta años atrás. En el libro hago una propuesta bastante arriesgada de cómo cambiar la metodología de evaluación: planteo que en vez de evitar la copia, la volvamos obligatoria. Hoy en día es más importante ser un buen validador de fuentes y un buen ensamblador de múltiples cosas, que un buen memorizador. Entonces, si vos planteás la copia obligatoria, en el sentido de que sea obligatorio incorporar material de diferentes fuentes, validando esas fuentes, dando crédito al autor, etc., los preparás a los chicos muchísimo mejor para el mundo que viene que si les enseñás a memorizar todos los ríos de Europa.

-Esto supondría rever la modalidad de examen…

Completamente. Supondría rever la cuestión de la penalización del error en los exámenes. Y también la comodidad para la corrección. Creo que una de las principales razones por las que se toma exámenes de la manera en que se toma es que si yo te hago una pregunta que tiene una respuesta unívoca, si yo te pregunto “¿Cuál es el río que cruza la capital del Reino Unido?”, y la respuesta es “el Támesis”, es mucho más fácil de corregir que si te hago una pregunta abierta que requiera mucha más elaboración y mucho más pensamiento, pero también una lectura mucho más cuidadosa por parte del docente para decidir cuán bueno o no es el trabajo que elaboraste.

-Cuando hablás de formar creadores, ¿también pensás en otras áreas, como el arte y el desarrollo de habilidades artísticas?

Un referente clásico en ese tema es Ken Robinson, que lo planteó mucho mejor de lo que yo puedo decirlo. Lo que dice él es que estamos educando a los chicos del cuello para arriba, y que es hora de dar una educación más integral. Las materias que tienen que ver con lo creativo, si bien tiene cierta presencia dentro de la escuela, ocupan un lugar absolutamente secundario, y no hay una razón para que ello sea así. Aprender a realizar trabajos creativos, artísticos, es tan importante como saber lengua, naturales o sociales. Y acá son casi materias de segunda por la manera en que se presentan. Mucha gente es buena para cosas que el colegio no considera prioritarias. Los que tengan talento para el arte es probable que se frustren, obligados todo el día a hacer otras cosas.

¿Por qué te parece importante darle más lugar a las artes y la creatividad?

El objetivo central de la educación es preparar a los chicos para el mundo que viene. Y cada vez más trabajo humano, trabajos de menor nivel, va siendo reemplazado por máquinas o por software. Primero arábamos los campos o cosechábamos de forma manual, hasta que aparecieron máquinas; en la ciudad se trabajaba en forma manual y rutinaria en las fábricas, hasta que ese proceso se automatizó… Es decir, cada día fuimos reemplazando trabajos extenuantes y rutinarios por trabajos más creativos. Hoy se requiere de nosotros mucha más creatividad que antes; y sin embargo la escuela casi no trabaja en desarrollar la creatividad en los chicos.

-¿Debemos utilizar las nuevas tecnologías dentro del aula para trabajar la creatividad?

Nuevamente, yo no tengo respuestas. Tengo preguntas. Lo que sí puedo decir, y que me parece muy importante enfatizar, es que la tecnología per se no es la solución. Tampoco es el problema. Hace poco salió una nota en un diario importante en la que el título era: “La introducción de las netbooks no mejoró el aprendizaje de los alumnos”. Y mi reacción a eso fue pensar: “obvio que no”. Porque no es el hardware, es el software. Si incorporás una computadora para seguir haciendo lo mismo que estabas haciendo antes, el resultado que vas a obtener también es el mismo que antes. La computadora es un medio, no es un fin. Entonces la pregunta es: ¿Cómo usamos las computadoras para generar una experiencia educativa completamente nueva, y mejor? ¿Cómo utilizamos las computadoras para que aprender sea algo multisensorial, inmersivo…? Hasta que no inventemos eso, la computadora en el aula es una herramienta desaprovechada; da igual tomar notas en un cuaderno o en una computadora. De lo que se trata es de utilizar la tecnología para producir una experiencia educativa distinta. No para reemplazar el cuaderno por la notebook. En ese sentido, creo que los juegos tienen mucho para enseñarnos. Obviamente a los chicos les gusta mucho jugar con la computadora. Entonces, si a los chicos les gusta, hay algo que hay que mirar ahí para ver qué podemos aprender de eso que los chicos quieren hacer y ver qué elementos podemos reproducir en un contexto educativo.

-¿La tecnología dentro del aula puede facilitar la dispersión?

Me parece que el nivel de hiperestimulación al que estamos expuestos hoy está cambiando nuestra manera de prestar atención. Si uno lo compara con el modo de prestar atención de hace unos años, parece que somos mucho más dispersos. En la práctica creo que lo que tenemos es un modo de atención distinto. Que prestamos atención a más cosas. Y de algún modo nosotros, que aprendimos en la década del sesenta, del setenta, del ochenta, vivimos la concentración como un prerrequisito del pensamiento. Y los chicos que se están formando hoy piensan de otra manera. A nosotros nos resulta difícil entenderlo. A ellos tal vez les resulte también difícil entenderlo. Pero me parece apresurado pensar que lo que está sucediendo ahora es peor. Creo que tan sólo es distinto.

Producción: Esteban Knöbl