En un Live de Instagram junto a Marcelo Rivera, director de Revista Colegio, el psicólogo analizó el fenómeno del Último Primer Día (UPD), la crisis de autoridad adulta y los desafíos de la comunicación entre generaciones.
En el inicio del ciclo lectivo, Alejandro Schujman conversó en un Instagram Live con Marcelo Rivera, director de @revistacolegio, para reflexionar sobre algunos de los temas que atraviesan hoy a las comunidades educativas: el ritual del Último Primer Día (UPD), la salud mental adolescente y el rol de los adultos.
Lejos de minimizar el fenómeno, Schujman fue contundente:
“El UPD es un disparate desde todo punto de vista. Ningún adolescente puede pasar una noche sin dormir, consumiendo alcohol o sustancias, y al día siguiente ir al colegio como si nada. Esto está mal, no hay grises.”
Un ritual sin adultos
Durante la charla, el especialista señaló que los adolescentes necesitan rituales para crecer, pero advirtió que cuando su organización queda exclusivamente en manos de los propios chicos, aparecen situaciones de riesgo.
Comas alcohólicos, episodios de violencia, daños materiales y conflictos entre pares forman parte de un escenario que, según explicó, no debería naturalizarse. “Cuando hay riesgo físico, los adultos tenemos que intervenir”, subrayó.
Más que prohibir, propuso transformar el sentido del UPD: acompañar el último año escolar con celebración y pertenencia, pero sin consumo ni descontrol.
De la generación con miedo a la generación que teme poner límites
Uno de los ejes más potentes del Live fue la reflexión sobre la autoridad adulta.
“Pasamos de la generación con miedo a sus padres, a la generación que le tiene miedo a sus hijos.”
Schujman planteó que muchos padres, en un intento por acercarse, imitan códigos adolescentes y evitan poner límites por temor al conflicto. Sin embargo, aclaró que autoridad no es violencia: es cuidado, coherencia y responsabilidad.
Comunicación: menos sermones, más vínculo
Otro punto central fue la brecha comunicacional. El psicólogo señaló que gran parte de las intervenciones parentales se reducen a órdenes o correcciones, lo que debilita el vínculo.
“El 90% de lo que les decimos tiene que ver con lo que hicieron mal o con lo que tienen que hacer. Eso no construye diálogo.”
La invitación fue concreta: generar momentos sin pantallas, compartir actividades cotidianas, mirar a los hijos a los ojos y preguntar genuinamente cómo están. “Los adolescentes no siempre nos escuchan, pero nunca dejan de mirarnos.”
Tecnología con propósito
Consultado por Rivera sobre el uso de celulares en la escuela, Schujman evitó posiciones extremas. Sostuvo que educar hoy sin tecnología es difícil, pero insistió en que su uso debe tener sentido pedagógico.
En ese marco recomendó la lectura de La generación ansiosa, del psicólogo social Jonathan Haidt, que analiza el impacto de las redes sociales en la salud mental juvenil.
Recuperar el rol adulto
El cierre del intercambio dejó una idea fuerte: el problema no es la adolescencia en sí, sino el lugar que ocupan los adultos frente a ella.
En tiempos de ansiedad creciente, consumos problemáticos y fragilidad emocional, el mensaje fue claro: criar con sentido implica asumir la responsabilidad adulta, trabajar en red entre familias e instituciones y recuperar el diálogo como práctica cotidiana.
Porque, como quedó planteado en el Live, cuando hay riesgos reales, no hay lugar para la indiferencia.
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