En medio de un mundo en constante transformación, donde los retos de la educación contemporánea exigen nuevas formas de pensar y actuar, el diseño centrado en humanos (HCD, por sus siglas en inglés) emerge como una poderosa metodología para reimaginar la experiencia de aprender y enseñar. Desde el Siebel Center for Design de la Universidad de Illinois Urbana-Champaign, Rachel Switzky, su directora, ha liderado un movimiento que articula esta visión con una pregunta esencial: ¿Cómo diseñar para el ser humano en su totalidad dentro del ecosistema educativo?
En conversación con Rachel, comprendemos que el enfoque de HCD no se trata solo de generar soluciones “bonitas” o “efectivas”, sino de construir relaciones significativas y sostenibles en los sistemas educativos. “Diseñar centrado en humanos implica entender que las necesidades del profesorado, del estudiantado, de las familias y de las instituciones están profundamente interconectadas”, afirma. Esa mirada sistémica es lo que permite identificar los puntos de tensión, las oportunidades y las emociones que atraviesan a quienes participan del acto educativo.


Una de las claves de este enfoque es no asumir que conocemos las necesidades del otro, sino crear procesos para descubrirlas con humildad, empatía y escucha activa. Rachel enfatiza que el HCD es una metodología con etapas claras: exploración, investigación empática, co-creación y prototipado, validación e implementación. Cada una permite que el profesorado y los equipos escolares visualicen futuros posibles, construidos desde la evidencia, las emociones y los sueños de las personas que habitan las escuelas.
“Uno de los aportes más potentes del diseño centrado en humanos es que no se queda en la imaginación: invita a prototipar, a equivocarse y a aprender rápido. A imaginar grandes cambios, pero comenzar con hilos pequeños que transformen una clase, una conversación o una decisión escolar”, explica. Así, el cambio deja de ser una meta inalcanzable para convertirse en un proceso accesible y compartido.
El trabajo de Rachel también se ha centrado en demostrar, con datos y evaluaciones rigurosas, que el diseño centrado en humanos mejora los aprendizajes, el clima escolar y la motivación profesoral. Su equipo ha desarrollado una taxonomía pensada para el mundo educativo, que permite identificar necesidades sociales, emocionales y cognitivas, conectarlas con prácticas concretas y medir su impacto. “Creamos un nuevo cuerpo de conocimiento, porque antes no existía suficiente evidencia de que el HCD funcionaba en escuelas. Hoy tenemos artículos revisados por pares, herramientas, procesos de formación y una comunidad creciente de educadores que lo aplican en todo el mundo”, comparte con entusiasmo.
Para Rachel, cultivar una cultura de diseño centrado en humanos en los equipos escolares no significa imponer recetas, sino abrir espacios de reflexión compartida. Significa tener un lenguaje común, visualizar los mapas de actores, dialogar sobre necesidades reales y decidir juntos qué cambios queremos ver. “Cada comunidad es distinta, no se trata de copiar modelos. Se trata de co-crear desde quiénes somos y quiénes queremos llegar a ser como escuela”, concluye.
Esta conversación con Rachel Switzky tuvo lugar en el marco de un taller inmersivo realizado en las instalaciones de la Universidad EAFIT, en la ciudad de Medellín. El espacio fue también liderado por Carolina Cuesta Hincapié, Doctora en Educación de la Universidad de Illinois e investigadora del mismo centro que Rachel. Allí, diferentes profesionales del ámbito educativo compartimos una jornada llena de movimiento, reflexiones y acciones concretas con el potencial de impactar nuestras comunidades.
En el Ecosistema de Innovación Educativa utilizamos metodologías que nos invitan a pensar diferente y que nos plantean escenarios de innovación. Abordar estas miradas es inyectar nuevas formas de entender y trabajar en espacios educativos, donde la innovación encuentra herramientas diversas para articular soluciones reales, centradas en las personas.
En tiempos donde la innovación educativa parece muchas veces guiada por la tecnología, Rachel nos recuerda que el diseño centrado en humanos pone en el centro algo esencial: las personas. Y eso, en educación, sigue siendo lo más revolucionario.
Nota: Jesenia Rodríguez – @jeseniarodriguezedu
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