Revista Colegio

Las mejores propuestas educativas

La inclusión nos compromete a todos: una responsabilidad más allá del deber



COMPARTÍ EN REDES SOCIALES

La inclusión escolar y laboral representa un desafío para todas las sociedades a nivel mundial. Este reto constituye un proceso fundamental que debe garantizar que todas las personas, con y sin Necesidades Educativas Especiales (NEE), vivan experiencias de aprendizaje comunes, respetando sus diferencias y proporcionando los apoyos personales y materiales necesarios. Todo ello exige resiliencia y empatía por parte de las comunidades y sociedades. Algunos principios claves que deben considerar las sociedades y comunidades son la equidad —entendida como brindar a cada persona lo que necesita— y la participación plena, como acción que permite a todos ser parte activa de sus entornos. Esto implica disponer de los recursos adecuados para asegurar el desarrollo y crecimiento de cada persona.

La colaboración de todos los miembros de la sociedad es esencial para hacer de la inclusión una realidad. Con el paso del tiempo, la pregunta “¿la inclusión es un deber?” ha dejado de ser una incógnita, ya que desde hace años existen respuestas claras: sí, la inclusión es un deber. Se trata de una responsabilidad legal, ética, social y educativa que debemos recordar y ejercer constantemente. 

Vivimos en un mundo que avanza a gran velocidad, y no podemos seguir esperando para que la inclusión sea una realidad en todos los establecimientos educacionales. Es urgente continuar trabajando para que existan políticas públicas claras que permitan a colegios, universidades e institutos de educación superior comprender con precisión por los procesos que debe transitar un estudiante en un entorno inclusivo. Es fundamental que toda la sociedad comprenda la importancia de mirar a las personas que requieren apoyos educativos no como “otros”, sino como seres humanos iguales, con diferentes potenciales que deben ser promovidos y desarrollados mediante procesos de aprendizaje diversos. Solo cuando tomemos plena conciencia de esto y comencemos a integrarla como un componente natural y esencial seguiremos avanzando.

Existen numerosas experiencias internacionales exitosas, dignas de ser replicadas. Países como España, Inglaterra y Estados Unidos han implementado programas que promueven una educación inclusiva transversal, en coherencia con sus respectivos currículos nacionales. Gracias a estos esfuerzos, en pocos años han logrado abrir espacios laborales inclusivos y eficaces dentro de sus sociedades.

En Chile, muchas instituciones educativas —tanto subvencionadas como particulares— se han preparado con profesionalismo y compromiso para recorrer el camino de la educación inclusiva. Docentes y equipos de apoyo se han formado para implementar programas que promuevan la atención personalizada, el trabajo colaborativo entre familia y escuela, y el desarrollo integral de estudiantes con Necesidades Educativas Especiales (NEE), potenciando al máximo sus habilidades y competencias. Varias instituciones ya cuentan con equipos multidisciplinarios —como terapeutas ocupacionales, psicopedagogos, fonoaudiólogos, entre otros— que permiten brindar una atención real a sus estudiantes. Gracias a este enfoque, niños y niñas pueden desarrollar competencias en áreas como la cultura, el arte, la tecnología y las habilidades socioemocionales, alcanzando incluso procesos de metacognición que fortalecen sus aprendizajes y su autonomía. El camino por recorrer aun es mucho, avancemos con empatía, aunando esfuerzos y trabajando en red, de esta manera nos enriquecemos y aprendemos unos de otros por el bien y el crecimiento de la sociedad actual.  ¡La inclusión nos compete y nos debe comprometer a todos!

Nota: Milena Schublin Bisquertt


COMPARTÍ EN REDES SOCIALES