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Pepe Menéndez: “Debemos pensar cuál es la dimensión digital de la escuela”



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Pepe” Menéndez, asesor en transformación educativa que lanzó recientemente su último libro “Escuelas que valgan la pena”, dialogó con Revista Colegio y resaltó, en alusión a la pandemia: “Cuando salgamos de esta emergencia tenemos que pensar cuál es la dimensión digital de la escuela”.

“Nosotros nos interpelamos hacia adentro. El mundo ha tenido transformaciones muy profundas que afectan a nuestro ecosistema vital, de interrogaciones personales y concretamente a la manera en que accedemos a la información y cómo aprendemos. Esto nos hace preguntarnos en qué necesito transformarme, actualizarme, conseguir otra perspectiva para poder dar la respuesta adecuada en función de mis fundamentos filosóficos, vitales, sobre un proyecto educativo. Si no hay esta interpelación personal de transformación no me puedo incorporar, liderar, participar en un proceso de cambio. Por eso hablamos de transformación, no de mejorar ni de reformas”, resaltó “Pepe” Menéndez en la cálida charla, en el marco de nuestro ciclo de conversaciones por Instagram.

¿Para poder cambiar el aula o la escuela primero tengo que hacer una mirada introspectiva de cambio en mí mismo?

“Uno puede hacerlo desde sus creencias vitales, religiosas, educativas. Todo forma parte de un ecosistema, pero en educación somos tan activistas porque queremos responder rápido a los retos que tenemos; lo importante es dedicar tiempo a uno y ver cómo conectar eso (vocación, propósito) con el mundo, porque pueden chocar con una orientación hacia las rutinas, el currículum. Este diálogo entre lo externo y lo interno, mis principios y las prácticas, es esencial para poder dar la respuesta adecuada. Uno de los elementos estratégicos en un proceso es crear la urgencia. No valen sólo algunas mejoras; realmente necesitamos cambiar la organización del currículum, de las disciplinas, el hecho de que el proceso de aprendizaje sea tan memorístico, repetitivo y rutinario. Necesitamos una pequeña base memorística, pero sobre todo aprender a relacionar, interconectar, deducir, crear pensamiento y a transformar.

Históricamente, como el conocimiento estaba en la enciclopedia, en la biblioteca, tenía que acumularlo para mostrar que era capaz de resolver a través de mi memoria y la conexión. Mi memoria ahora es un pequeño aparato tecnológico en el cual puedo consultar cualquier cosa, pero tengo que aprender a tener el criterio, a interrelacionar, a explorar, investigar, deducir, a crear argumentación.

¿Es muy necesario que la escuela de hoy sea permeable a miradas y capacidades no necesariamente academicistas?

“Sin duda. Academicista es el exceso de peso de lo que de alguna manera está estratificado. Con la cuarentena resultó una obviedad. Yo puedo grabar 20 minutos de una clase magistral y se la ofrezco a los alumnos y que la vean cuando quieran, que puedan parar, consultar algo que les propongo, con lo cual el valor de la clase no es que todos estén escuchando al mismo tiempo. La pandemia puso en evidencia la enorme potencialidad que tiene dividir las acciones asincrónicas y las sincrónicas: compartir, sociabilizar, debatir es algo sincrónico. En cambio, no vale la pena que convoque a todos los alumnos a las 9 para darles una clase magistral. Más vale que la grabe y se las dé. Además, esto soluciona un tema que en muchos entornos vulnerables tienen que es la conectividad por wifi. La no sincronía necesita que yo me pueda bajar algunos documentos, enlaces, archivos, podcast, manuales. Muchos aprendieron recetas de cocina, cosas manuales para hacer en casa o alguna clase escuchando una grabación sin estar conectados.

Hay muchos elementos del proceso de enseñanza y aprendizaje que ya estaban cuestionados desde hace tiempo y que ahora crearon un valor que nos invirtieron nuestra concepción. No empecemos explicándolo todo, dando todas las respuestas sino haciendo preguntas porque las preguntas nos obligan a explorar, pero tenemos que motivar la curiosidad para poder buscar o compartir esas preguntas.

Otro elemento para resaltar es cómo se ha puesto en valor algo que existe desde siempre en la humanidad: que aprendemos de los demás, socialmente. El aprendizaje en grupo es importantísimo. Nunca nos han hecho un examen grupal, incluso cuando un equipo ha hecho un proyecto. Después, en la vida laborable, el trabajo en equipo y el aprendizaje grupal es uno de los elementos básicos y fundamentales. Es lo que nos lleva a invertir la escuela, que ahora tenemos la oportunidad porque tenemos otro contexto, de poner en valor aprendizajes que están en el alma, en el corazón del ser humano.

¿Qué opinás de las plataformas de enseñanza? ¿Son un medio, un fin, un elemento indispensable para la escuela del siglo XXI?. ¿Cual es la obligación de los gobiernos para garantizar la conectividad?

“Tenemos que aceptar que ésta fue una situación de emergencia. De un día para el otro empezó el confinamiento y todos tuvieron que abandonar la escuela como un barco que se está hundiendo con los mínimos enceres que podían llevar encima pensando que esto iba a durar 15 días. Es importante tener en cuenta que la respuesta que hemos dado fue ante una situación de emergencia. Las herramientas, la tecnología y la manera de organizarnos tuvo que ser improvisada de un día para el otro. También hubo hospitales y lugares donde se ha tratado a enfermos que eran pabellones reconvertidos en hospitales…

Lo importante es que a partir de aquí pensemos qué aprendizajes hemos tenido. ¿Cuáles son los elementos que nos estaban cuestionando los procesos de aprendizaje que la pandemia ha puesto en evidencia? Llevamos 25 años hablando de la tecnología. Hasta ahora no ha habido casi ningún gobierno que se haya planteado que el acceso del wifi desde la casa sea similar a la electricidad. El wifi va camino a convertirse en eso, a pesar de que hay sectores a los que les falta. En España también ocurrió que la cuarentena puso en evidencia que no todos los alumnos podían conectarse. Ahora, de cara al futuro, cuando salgamos de esta emergencia, a corto, medio plazo, tenemos que pensar cuál es la dimensión digital de la escuela. Si nos centramos mucho en los dispositivos nos equivocaremos. Debemos centrarnos en su uso.

Los gobiernos tienen que pensar cuáles son los utensilios básicos que los alumnos deben tener. Probablemente no será un ordenador sino la conexión. Hasta ahora toda la tendencia fue que el ordenador sea el recurso y nos encontramos con que algunos no tenían conexión. Lo importante es que la tecnología no es exactamente un instrumento. Está configurando nuestro ecosistema de vida y de relaciones. Por eso es importante que no aceptemos cualquier tipo de tecnología.

Recuerdo una frase tuya que destacamos en el libro “Un giro copernicano a la educación” que dice ´Los docentes del futuro tendrán que reinventarse en motivadores, generadores de posibilidades en sus alumnos. Si no quieres potenciar a nadie ni cambiar nada no seas educador; no es lo tuyo´…

“A veces se frivolizó un poco con la expresión de motivador. Docente motivador significa que desde la inteligencia ese educador es capaz de conectar el conocimiento que quiere que trabaje el alumno con su mundo, con sus intereses. Siempre alguien nos ayuda a descubrir qué nos interesa. Un profesor ha de tener conocimiento sobre las estrategias de acercamiento del conocimiento a la realidad de los alumnos. La obligación en sí misma es una primera fuente de rechazo. En cambio, hay profesores de algunas escuelas que motivaron el acercamiento a algunas disciplinas a través de mirar qué está ocurriendo en la pandemia. Creo que el rol, el perfil, ha cambiado profundamente. Si antes lo importante era que uno fuera un robot que repetía información para que el otro memorizara, esto lo hace mejor una máquina. No necesito una persona para esa rutina; sí para entusiasmar, preguntar, orientar.

“ESCUELAS QUE VALGAN LA PENA”

Contanos algo de tu nuevo libro. ¿Qué significa “Escuelas que valgan la pena?

“El título fue una sugerencia del editor. Mi libro recoge comportamientos, actitudes, creencias, maneras de hacer, no recetas y trucos ni metodologías concretas sino actitudes humanas y saber profesional para poder ejercer la docencia. Recogiendo eso se podría decir que las escuelas que reúnan esas características son las que valen la pena para enviar a tus hijos, para trabajar en ellas”.

Hoy está muy expuesto que a partir de la pandemia hay una revalorización del rol docente sino también de la alianza familia escuela…

“Ya en los últimos años venía cuestionándose por qué la escuela en el mundo en el sur de Europa y Latinoamerica se había distanciado de las familias. Un episodio como éste pone a la familia en el lugar más estratégico. El secretario de Estado de Educación me decía que comprobaron que los alumnos que tenían peores condiciones de vida en sus casos en los que podía haber abusos, violencia, en un episodio como éste se hacen más dependientes de la familia. Las escuelas debemos aprender a relacionarnos de otra manera, a comunicar de otra manera, a hacer reuniones con la familia de otra manera y pretender otras cosas. Las familias llevan a los hijos a la escuela porque tienen confianza en el proceso educativo”.

Lsuelen minimizar la comunicación hacia las familias y el aspecto comunitario…

“Cuando empezamos el proceso de cambio del Horizonte 2020 uno de los elementos estratégicos era la comunicación con las familias, externa, del propio proceso de cambio, de enseñanza-aprendizaje. La comunicación es uno de los elementos que más ha cambiado en el mundo. Todas las exigencias de brevedad que la tecnología nos pone a veces no acompañan la profundidad. Tengo que comunicar en el entorno en que se mueve el mundo. Si comunico como hace 100 años es lógico que muchas generaciones no entiendan o se aburran”.

En el currículum se han ido acumulando información y disciplinas. Respecto a las disciplinas que yo estudié aparecieron otras más como Tecnología, Sociología. Si el currículum está pensando para ir añadiendo es una enciclopedia interminable. Lo que va apareciendo para entender el mundo es la integración de conocimientos. Un maestro puede integrar los conocimientos que un alumno puede tener. El aprendizaje va a ser a lo largo de toda la vida, pero es importante preguntarse qué debería saber un chico de 16 años al terminar la etapa escolar obligatoria pensando en que tendrá otros 90 años de vida, qué competencias le podrían servir para poder ejercer su condición de ciudadanos, sus derechos y sus deberes”.

“Pepe” Menéndez es asesor internacional en procesos de cambio y transformación profunda de la educación;  profesor, periodista, director de colegio y director adjunto dela Red Educativa de Jesuitas de Cataluña.


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